Francisco Cabral Bravo
Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil
La democracia es plural, implica escuchar y construir opciones en consenso, actuar con un propósito, proteger los intereses superiores de la nación. En la política se vale resolver algunos, muchos o todos los problemas. Lo que se logre merece aplauso. Lo que no se vale es crear un solo problema.
Bien dijo Arthur Schopenhauer que el destino baraja y reparte las cartas, pero somos nosotros quienes las jugamos. Yo soy de los que creo firmemente que la Presidenta mexicana y la Gobernadora veracruzana serán un factor de solución y no un elemento del problema. Por eso les deseo que el destino les reparta una muy buena mano y que ellas tengan muy buena suerte. En la política siempre hay un vencedor y hay un perdedor. El buen vencedor tiene alteza. El buen perdedor tiene majestad. El buen ganador es vencedor. El buen perdedor es invencible.
Cada vez se aproxima el inicio de las campañas electorales para la elección del proceso extraordinario del Poder Judicial de la Federación 2024-2025 derivado de la aprobación de la reforma del Poder Judicial por primera vez en México se realizarán votaciones para elegir a las personas juzgadoras, como son las ministras y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y magistradas y magistrados del Tribunal de Disciplina Judicial, de la Sala Superior y de las salas regionales del Tribunal Electoral que se celebrará el primer domingo de junio.
Diversas organizaciones, como la Iglesia Católica han empezado a mostrar interés en los planteamientos que tendrán los diferentes candidatos a los cargos judiciales.
La Arquidiócesis Primada de México a través de su editorial publicada en Desde la Fe, hizo un llamado para que los aspirantes muestren sus iniciativas, proyectos o planes para defender los derechos humanos de los mexicanos.
El próximo 1 de junio, durante la elección judicial, se elegirán 9 ministros para la Suprema Corte, 2 magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral, 15 magistrados de las salas regionales del mismo Tribunal Electoral, 5 integrantes del Tribunal de Disciplina, 464 magistrados de circuito y 386 jueces de distrito de diferentes materias.
“Entender qué hace cada uno de jueces, cuál es su materia y ámbito de acción, es ahora, más que nunca, un deber ciudadano si se quiere participar con responsabilidad en esta elección, además de conocer a los candidatos” comentó la Arquidiócesis Primada en la publicación.
Iglesia católica pide a los candidatos a la SCJN enviar a la Arquidiócesis Primada un vídeo de minuto y medio, donde hablen de su trayectoria, planteamientos, visión de justicia y de los derechos humanos, “comenzando por el elemental derecho a la vida”.
Los vídeos que se reciban entre el 23 de marzo y el 1 de abril serán publicados en los canales de difusión de Desde la Fe a partir del 10 de abril a las 20.00 horas, con el fin de que la ciudadanía conozca cada uno de los candidatos.
Los miembros de la Iglesia católica destacaron que los 9 jueces que sean elegidos para la Suprema Corte tendrán la labor de revisar todas las leyes “para evitar que no existan violaciones a los derechos humanos”.
La organización religiosa también resaltó la importancia que tendrá la elección de los 5 juzgadores que integren el Tribunal de Disciplina. A su consideración, cada uno de los sancionadores del Poder Judicial deberá ser “una persona íntegra, sin compromisos con terceros que pongan en entredicho las sanciones que en su momento emitan en contra de algún juzgador acusado de alguna conducta ilícita”.
En el comunicado, la Arquidiócesis Primada de México manifestó su preocupación de que los candidatos que participarán en la elección judicial no cuenten con los recursos económicos suficientes para difundir sus ideas y propuestas durante las campañas. Los aspirantes a ministros o ministras de la SCJN, jueces del Tribunal de Disciplina y magistrados para la Sala Superior del Tribunal Electoral tendrán un límite de hasta un millón 468 mil pesos.
Se debe destacar que las campañas electorales deberán financiarse con recursos propios de los candidatos, ya que estarán prohibidas las aportaciones del sector público y privado.
La Iglesia católica también expresó su preocupación, como que el conteo de votos no se realice directamente en las casillas electorales, sino en los distritos electorales.
En otro orden de ideas el sentido de nuestra humanidad pende de un hilo qué se desgasta con una rapidez que posiblemente nos envuelva en una abrumadora perplejidad. Quizás ya nos hemos colocado en ese punto sin retorno en el que muy pocas cosas nos sorprenden, nos incomodan o nos aterran, de tal manera, que, quizá, en otros momentos nos llevó a exigir un vuelco en aquello que atentaba en contra de la dignidad, ese último respiro que nos permite asumir nuestra dimensión humana.
No es extraño imaginar que dicho hilo nos mantenga oscilando, con su movimiento pendular, entre dos extremos que nos colocan en el límite de aquello que nos define como personas capaces de dimensionar la importancia de quienes caminan junto a nosotros por la calle, de sentir la empatía que se necesita para abrazar el dolor y la desesperanza con quienes compartimos los asientos del cine, del transporte, de nuestra mesa. Con quienes son parte de nuestra realidad y lo cotidiano. Oscilamos entre la barbarie y la nobleza del espíritu, como lo llama Rob Riemen.
Así, en esta época en la que se consolidan los extremismos y el fanatismo, la irracionalidad y el absurdo, se va diluyendo ese delgado hilo en el que la dignidad comienza a dejar de ser importante. Lo que preocupa aún más, es que el extremo del péndulo lo han articulado quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad y los derechos humanos, la libertad y aquello que diera un valor a cada ser humano.
Pero, en el péndulo termina por llamar a la puerta de una sociedad que observa, escucha y permanece en silencio, mientras la desgracia no taladre sus propias entrañas. Aún nos queda algo en aquello que anima el espíritu, la convicción de que la dignidad no es una moneda de cambio, sino el fundamento de una esperanza por la que, a pesar de todo, se debe trabajar todos los días.
Hay silencios que duelen, otros que gritan o protegen. Y hay algunos que se quedan como una pausa incómoda en una conversación, o un hueco que nadie se atreve a llenar. El silencio, tan despreciado en estos tiempos de ruido constante, tiene razones que la palabra no siempre comprende.
Callar puede ser un acto de prudencia. No todo se debe decir, ni todo se puede expresar en cualquier momento. Hay verdades que duelen más cuando se dicen mal, y otras que, en el momento adecuado, podrían haber sanado una herida. Pero a veces preferimos guardar silencio para no empeorar las cosas, para no perder amistades, trabajo o incluso la paz interior.
En mi caso, dueño de una facilidad de palabra que controló mal, en muchas ocasiones al callarme suscitó reacciones extrañas. Luego debo hablar el doble para convencer de que, en realidad, intentó suavizar el roce y evitar la confrontación. También está el del miedo. Ese que se instala cuando hablar puede tener consecuencias. Cuando alzar la voz implica exponerse, meterse en problemas o ser juzgado por tener una opinión distinta. Es un defensivo, que poco a poco va mermando la libertad y la autenticidad.
Pero no todo silencio es cobardía. Hay silencios que son elegancia. Que dicen sin decir. Que insinúan más de lo que proclaman. La mirada que sustituye a la frase, el gesto que evita el discurso. A veces, lo más elocuente que se puede hacer es no responder. No entrar en la provocación. No caer en la trampa del escándalo fácil. La dignidad, muchas veces, sabe mantenerse en silencio. Hay silencios que acompañan. El que se comparte en un hospital, en un velorio o en una madrugada de insomnio con alguien al lado.
Esos silencios que no piden palabras porque lo importante ya no se sabe, porque la presencia basta. Y hay también silencios creativos: cuando observo antes de escribir, cuando callado analizo todo lo que hacen mis competidores, cuando imagino el del músico que escucha antes de tocar, el del científico que se pregunta si hablar. Pero el silencio también puede ser un arma.
Puede usarse para manipular, para castigar, para controlar. La ley del hielo, el mutismo calculado, el vacío emocional. Cuando el se vuelve estrategia para herir, ya no es prudencia es castigo. Y como todo lo que se usa como poder, termina por volverse en contra.
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