Por Héctor Raúl Rodríguez
La victoria del PRI y de la Alianza Ciudadana por la Seguridad en las elecciones para diputados locales en el estado de Coahuila, además de una buena noticia para el priismo de todo el país, ha sido un triunfo estratégico para el reposicionamiento del partido tricolor rumbo a las elecciones federales intermedias de 2027.
Y es que, aunque hay quienes han tratado de minimizar el triunfo priista con el argumento de que se trata solo de 1 de los 32 estados del país donde el PRI no ha perdido la gubernatura, olvidan no solo el momento político – pues la de Coahuila fue la única elección de este año previo al importante proceso electoral del 2027 – sino también el contexto político y social que se vive en el país, donde lo que se observa es una grave crisis política del régimen de la Cuarta Transformación y Morena.
Por eso el triunfo en Coahuila, la tierra de Don Francisco I. Madero, el apóstol de la democracia, y Don Venustiano Carranza, el líder de la revolución constitucionalista luego de la Decena Trágica, es estratégico para el PRI: porque manda el mensaje a todo el país de que el partido sí puede ganarle a Morena, a pesar del uso clientelar de los programas sociales que son su principal soporte.
De paso, la victoria priista significó también una derrota para Andy López Beltrán, debido a que fue el responsable de Morena en esa elección, hasta dos semanas antes de la jornada electoral cuando renunció a su puesto en la dirigencia nacional de ese partido.
De cara al 2027, mientras otros partidos como el PAN y MC no lograron conservar el registro en aquella entidad, el PRI se apuntala con los excelentes resultados de las elecciones del pasado domingo, en las que sin duda influyó el buen gobierno del gobernador Manolo Jiménez.
Por su parte, Morena hace metástasis ante los ojos de todo el país, con los escándalos de sus gobernadores acusados por el gobierno de Estados Unidos de estar vinculados con la delincuencia organizada y que han sido protegidos por la Cuatroté, o con el tema de La Barredora que le pegó de lleno al senador Adán Augusto López Hernández – hermano político de Andrés Manuel López Obrador – y con la corrupción relacionada con el huachicol fiscal que involucró a los sobrinos del ex secretario de Marina del ex presidente morenista.
En apenas siete años y medio Morena enfrenta no solo su peor crisis política desde que llegó al poder en 2018, sino su peor escenario rumbo a las elecciones intermedias del próximo año.
Que ayer la Presidenta Sheinbaum decidiera dejar su silla vacía en la ceremonia de inauguración del Mundial del Futbol 2026, por miedo a ser abucheada, y en su lugar se refugiara bajo una carpa improvisada por la Jefa de Gobierno con la asistencia controlada, es solo una muestra del pánico que invade a Morena.
Ni Gustavo Díaz Ordaz en 1970, ni Miguel de la Madrid en 1986, renunciaron a su representación como Jefes del Estado Mexicano en el pódium de la justa mundialista.
Hasta la veracruzana Salma Hayek tuvo que entrar de emergente. |
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