José Miguel Cobián
Todos los acontecimientos en esta vida tienen un origen, a veces perdido en el tiempo. Por ejemplo, sin la conquista de Constantinopla por parte de los Turcos, quizá se hubiera retrasado el descubrimiento de América pues no hubiera habido el incentivo de encontrar otras rutas para obtener productos y comerciar con las indias orientales.
Lo mismo pasa en la política mexicana. Lo que sigue es un ejercicio de absoluta ficción, sin ninguna prueba que demuestre absolutamente nada de lo que voy a comentar a continuación. Y sin embargo, es un escenario posible.
En el momento en que el presidente Trump decida resolver el problema del ¨epicentro de violencia por drogas y terrorismo en América¨, va a voltear a ver a México con mucho mayor interés y podrá buscar presionar mucho más fuerte a la presidenta de México para que ella permita el libre tránsito y libre actuación de los efectivos norteamericanos, destinados a resolver ese problema.
Si la presidenta se sigue oponiendo, cabe la posibilidad de que la casa blanca libere buena parte de la información que posee sobre la intervención de las organizaciones criminales en la elección de 2024. Si hubiera pruebas suficientes de que hubo intervención de criminales para beneficiar a la coalición en el poder, esa sería razón suficiente para legalmente exigir la extinción del gobierno en funciones, de los funcionarios electos gracias a esos apoyos y componendas con grupos criminales, y la destrucción de cualquier ley aprobada por mayoría ilegítimas desde el momento de toma de posesión a la fecha en que suceda.
La crisis constitucional sería brutal. Los diputados, los senadores, muchos gobernadores y la presidenta de la república deberían ser destituidos, y todas las resoluciones legales, acuerdos, circulares, decretos, decisiones en general, leyes, reformas constitucionales, etc. Quedarían sin efecto.
El problema fundamental es que en México no tenemos mecanismos legales para enfrentar una situación de esa naturaleza. Una situación extrema que nadie pudiera desear que se presentara, pues la crisis legal y social que pudiera derivar de ello sería enorme.
Sin mecanismos legales, habría que nombrar un presidente sustituto, pero no habría congreso de la unión legalmente electo que pudiera llevar a cabo el procedimiento. Lamentablemente la única opción sería que un hombre o mujer fuerte tomara el poder, y pusiera orden en la democracia mexicana, lo cual parece llevar a la posibilidad de un golpe de estado, para no perder gobernabilidad ni tranquilidad social en México.
Conociendo la psicología del mexicano, solo una minoría extremadamente radical saldría a defender con las armas al gobierno del cual se hubiera demostrado que no es legítimo, así que quizá fuera la única solución viable. |
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