Ahora, cuando las pruebas están de moda en el argot de la denuncia pública, se antoja difícil acusar de corrupto a quienes, después de desempeñarse en un cargo público, se convierten en “nuevos ricos”, pese a su previa condición de penuria económica. Ese tránsito de estatus social pudiera ser el caso del señor Zenyazen y de por lo menos otros 40 personajes que se desempeñaron en niveles de subsecretarios o directores durante el penoso gobierno de Cuitláhuac García. Lo anterior es un fenómeno incubado en nuestro país hace siglos y más de cerca tuvo resplandeciente presencia en tiempos de Fidel y de Duarte, es decir, no es atribuible a la pertenencia partidista. Pero se señala a los más recientes porque presumen de no ser iguales y en los hechos demuestran ser peores porque traicionan el postulado de sus principios de “no mentir, no robar, no traicionar”.
Pero, pese a ese cambio de estatus socioeconómico, en ocasiones ni el Orfis es capaz de demostrar la corrupción que les da origen de sus actos, luego entonces ¿cuál debiera ser el camino de la denuncia pública? Pudiera ser acusarlos de “enriquecimiento súbito”, porque si bien no está tipificado como un delito al menos serviría de escrutinio social y para el bochorno y el escarnio públicos contra los indiciados en esa categoría. Ayudaría hasta al partido político en donde militan, en este caso, MORENA, porque, como declaró la lideresa nacional Aridana Montiel, ese partido no postulará a cargos de elección popular a quienes carguen con el estigma del señalamiento social. Por cierto, si esa admonitoria se aplica con precisión, MORENA tendría dificultades para escoger sus candidaturas porque ha reciclado a políticos de mala fama, emigrados de otras siglas partidistas, como pudiera ser el caso de Murat y muchos más que, sumados a los de su propio corral integran una verdadera manada de “nuevos ricos”. Ya se ve que desde el sector público no han podido “barrer de arriba para abajo” ni ha sido genuina la tonadita de que “si el de arriba no roba los de abajo tampoco” porque desde arriba se permitió el latrocinio, luego entonces, el único recurso para combatir eficientemente la corrupción sería el repudio y el señalamiento social, social, zl parecer no hay de otra. |
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