En su primera plana del ayer, el The New York Times encabezó: “Morena, el partido gobernante de México, en aprietos por los gastos de algunos miembros”, hizo hincapié en el contraste entre el discurso en torno a la austeridad promulgada como principio en el Movimiento encabezado por AMLO y el alborozo con el que gastan en el extranjero algunos de sus más conspicuos representantes. Justo ayer, en la conmemoración del 204 Aniversario de 204 de la Armada de México la presidente Sheinbaum abordó el tema de la corrupción en su discurso alusivo al evento: “la corrupción es deslealtad, por eso no pueden tener cabida en nuestras instituciones, por eso deben sancionarse con firmeza y al mismo tiempo enaltecer la honestidad como principio de vida” … ¿De qué sirve el dinero mal habido si con el se pierde la reputación y el legado? No hay riqueza que valga más que el honor”. Campeaba sin duda el fantasma del huachicol fiscal, esa trama criminal que reporta miles de millones de pesos a quienes lo practican y deja para la botana a la “Casa Blanca”, que enturbió al gobierno de Peña Nieto, a la “estafa maestra”, que mantuvo en cárcel a Rosario Robles, y hasta el impune delito cometido en SEGALMEX impúdicamente encubierto por intolerable impunidad durante el gobierno de López Obrador.
Este día el Zócalo de la CDMX vuelve a ser el centro de la atención política porque concentrará, una vez más, a miles de “transportados”, voluntariamente por supuesto, para escuchar de la presidenta Sheinbaum su discurso relativo al primer año de su gestión. Muchos ojos estarán pendientes del mensaje presidencial, pero también del lenguaje corporal de quienes forman la cúpula gobernante. También del lugar destinado a quienes representan los Poderes de gobierno. La referencia inmediata es el acto celebrado el 9 de marzo para informar sobre la imposición de aranceles a México por parte del gobierno estadounidense; en aquella ocasión el centro del comentario más que el discurso presidencial fue la “distracción” de Monreal, Adán Augusto, Noreña, Velasco Suárez para tomarse una selfie con “Andy”, mientras la presidenta pasaba frente a ellos. ¿Habrá polvo de aquellos lodos? Poco debiera importar porque la coyuntura que vive México requiere de una cirugía que no admite distracciones. |
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