En su exabrupto político de la semana pasada, Atanasio García se mostró preocupado por el posible efecto dañino que según su opinión pudiera causar la gestión pública de Rocío Nahle a MORENA en Veracruz. No es nueva esa reflexión por cuanto a que es común suponer que existe una correlación entre la forma de gobernar con perjudiciales repercusiones electorales al partido en el gobierno. Sin embargo, se así fuere entonces se tendría que buscar explicación al porqué en 2024 ganó MORENA en Veracruz, pese a que el gobierno morenista de Cuitláhuac García había resultado un autentico fiasco. Acudir al caso del PRI asumiendo que se derrumbó por la corrupción de sus gobiernos sería incurrir en un error de percepción, porque en esa lógica todos los partidos en México estuvieran en similar condición a la del PRI. Desde ese enfoque, deberían buscarse elementos adicionales para establecer un diagnostico más aproximado a la realidad.
Lo que sí es posible afirmar con pleno conocimiento de causa es que el ejercicio del poder desgasta, y pudiera estar entre las variables más solidas para explicar el desgaste priista. Gobernar México durante 54 años de manera ininterrumpida implica un desgaste progresivo, pero en todo caso sería conveniente buscar las causas del porqué el PRI se mantuvo tanto tiempo en el poder sin fuerza opositora que lo perturbara. Porque la corrupción invade a todos los partidos políticos en México, sin excepción alguna. El caso del actual partido dominante, MORENA, es paradigmático, porque lleva siete años en el ejercicio del poder nacional, ya gobierna en 23 entidades federativas y en la mayoría de las capitales estaduales, además, domina en casi todos los Congresos locales y ya está presentando síntomas de descomposición, y no solo por el huachicol fiscal, ni por AGRAMEX, o compras irregulares de medicinas, sino por vínculos cercanos con agentes de la delincuencia. No por cierto, es atribuible a toda la membresía, pero es grave que los señalamientos dirijan sus reflectores a no pocos integrantes de su cúpula. Pese a todo ese escenario, nadie podría asegurar que en lo inmediato MORENA corra el riesgo de perder lo ganado hasta ahora, no mientras tanto la oposición partidista prosiga en estado catatónico sin brújula y sin guía. |
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