En México es lugar común en el ámbito de la política y de los políticos la practica del canibalismo, se ejemplifica perfectamente con la imagen de la canasta con cangrejos que en su esfuerzo por salir derrumban al que está arriba. Lo podemos observar diáfanamente en el nivel municipal de gobierno porque el alcalde entrante, de inicio casi siempre pretende exhibirse como mejor que su antecesor, señalando las fallas de su administración, aunque en realidad en esa intentona subyace el sentimiento de no saber qué hacer para demostrarse mejor. Culpar al que se fue es la parte más cómoda del político mediocre y perverso, y cuando se combina con un cambio de régimen echar culpas al pasado es la mejor receta. Ese fenómeno es más notable ahora que antaño, porque en los relevos presidenciales priistas perteneciendo al mismo partido y habiendo recibido el beneplácito de la candidatura del mandatario predecesor importaba más imponer el sello propio deslindándose subliminalmente de quien lo hizo candidato.
Ni Fox ni Calderón usaron la barredora en reversa, pese a militar en el PAN, el acérrimo adversario político del PRI. Lo hace ahora MORENA barriendo para atrás con feroces andanadas, como si pretendiera alejar su recóndita genética de reminiscencia priista. Porque el adversario político del PRI durante toda la segunda mitad del siglo XX fue el PAN, la “izquierda”, sectaria y dogmática, pese a su prometedor arranque electoral de 1988 encabezados por priistas con experiencia política (Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, y después López Obrador), se dejaron comer el mandado por el PAN, que les ganó la carrera presidencial en el año 2000. Cuando en 2018 la ciudadanía mexicana, esperanzada de un cambio ajeno a la corrupción, la desigualdad social y la inseguridad, votó por López Obrador jamás imaginó cuánto se iban a potenciar aquellos jinetes del apocalipsis; la corrupción, la violencia, la extorsión y el nulo crecimiento económico, son hoy la constante en este país. También la estrategia de culpar al pasado de todo cuanto ocurre en México: Calderón es el villano favorito, García Luna la muestra de cómo política y el narco se introdujo en la política. Así descargan culpas e impotencia. Sin embargo, al gobierno actual cada vez se le complica más la inquina contra Calderón y García Luna porque se interponen los seis años de López Obrador en la presidencia, los miles de desaparecidos y homicidios en ese gobierno, la inalcanzable autosuficiencia alimentaria, tampoco la cacareada soberanía energética, la inagotable mina de corrupción explotada con una impunidad que asombra, los vínculos de políticos con el crimen organizado, la impunidad en todo su esplendor. Resultado: el actual gobierno carga con la responsabilidad de aclarar ese negro pasado o convertirse en cómplice de una tragedia que aflige al pueblo de México. Más aún: enfrenta conflictos derivados de aquellos lodos: un campo olvidado, los servicios de salud de los mexicanos más pobres en creciente penuria, ya de regreso el sarampión y el gusano barrenador que hace décadas habían sido desterrados de este país, enojo social en aumento, los ojos del mundo en los desaparecidos de este país, etc. El expediente de culpar al pasado nada resuelve y lamentablemente a la reconciliación política la ataja una polarización acrecida como política de Estado. |
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