Samuel Aguirre Ochoa
Está en pleno desarrollo la Vigésima Tercera edición de la Copa Mundial de Fútbol organizada por la FIFA. En esta ocasión se realiza en tres países: Estados Unidos, México y Canadá, el número de selecciones pasó de 32 a 48, los partidos disputados aumentaron de 64 a 104; además, el torneo durará 42 días y la gran final se jugará el domingo 19 de julio desde el estadio MetLife de Nueva York, Estados Unidos.
No cabe duda de que, durante todos estos días, las noticias del Mundial acapararán las titulares, pues millones de personas seguirán los partidos y estarán atentos de los resultados, porque el fútbol es uno de los deportes más populares del planeta, se practica en todos los países y se estima que tiene alrededor de mil 800 millones de aficionados.
Esta popularidad se debe a que el fútbol es sencillo de practicar y tiene reglas simples de comprender. Aunque hoy es un negocio redituable que genera a la FIFA y sus socios más de 40 mil millones de dólares, su origen es eminentemente popular. No fue creación de magnates capitalistas.
Según el periodista francés Mickaél Correira, especializado en el aspecto social del deporte y autor del libro “Una historia popular del fútbol”, el fútbol moderno fue creación de la clase obrera inglesa del siglo XIX. Inspirados en deportes antiguos como el soule francés o el rugby, los obreros dieron forma al nuevo deporte jugando partidos al concluir sus extenuantes jornadas laborales en las fábricas, también organizaban torneos en fiestas barriales de fin de semana o en carnavales.
No por nada, los primeros clubes de fútbol como Liverpool, Manchester United, Ársenal o West Ham surgieron de sindicatos de estibadores, obreros metalúrgicos, trabajadores textiles y mineros. Así, el fútbol nació como parte de la cultura obrera y, desde el principio, estuvo vinculado al espíritu de resistencia y rebeldía del proletariado frente a la explotación capitalista.
Según el investigador Correira, aunque la primera reglamentación formal del futbol se realizó en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, en 1863, como iniciativa de varios colegios que buscaban darle uniformidad y reglas claras, este deporte no fue invento de académicos o entrenadores de élite, fue creación del pueblo, una herramienta de la clase obrera como factor de libertad frente a la opresión económica y la enajenación del sistema capitalista.
Por ello, los primeros equipos, ligas y asociaciones nacionales que se diseminaron por Europa eran totalmente amateurs. La propia FIFA, fundada en 1904, nació conformada por jugadores y equipos amateurs, pero fue este organismo el que inició la profesionalización y mercantilización de este deporte.
De hecho, la primera Copa Mundial de Fútbol organizada en Uruguay en 1930, fue una medida de la FIFA para ganar patrocinios y brindarle un escaparate al naciente fútbol profesional, pues por entonces estaba prohibido que jugadores profesionales participaran en los Juegos Olímpicos, por tanto, la FIFA creó su propia competencia mundial.
En México, el origen del fútbol también estuvo ligado a la clase obrera. Llegó al país traídos por obreros europeos que llegaron con las compañías mineras y textileras a finales del siglo XIX. Hoy existe debate entre las ciudades de Pachuca, Hidalgo, y Orizaba, Veracruz, sobre cuál de las dos es la cuna del fútbol en México. Lo más probable, como ocurre siempre en la historia, es que llegara a ambas ciudades de forma simultánea.
A la región industrial de Orizaba lo trajeron obreros franceses, escoceses e ingleses que trabajaban para fábricas textiles de capital francés. En Pachuca, Hidalgo, se desarrolló con las oleadas de mineros y técnicos ingleses que llegaron con compañías extractoras de oro y carbón.
Todo lo anterior demuestra que el fútbol no surgió como el negocio transnacional que hoy administra la FIFA ni fue obra de grandes empresas capitalistas, fue creación del pueblo. Por ello sigue gozando de tanta popularidad y es “la religión laica de la clase trabajadora”, tal como lo describió el historiador marxista Eric Hobsbawm.
Sin embargo, el fútbol no escapa de la contradicción fundamental de la sociedad capitalista dividida en clases antagónicas. Pues, por un lado, el Mundial y el fútbol profesional están controlados por empresas multinacionales que se benefician de la venta de mercancías físicas, tecnológicas, digitales, comunicaciones, comida chatarra, turismo, finanzas, apuestas, construcción, ropa deportiva y más.
Y, por otro lado, el fútbol representa alegría, pasión, libertad, deseo de triunfo y superación para millones de personas. En muchos lugares del mundo continúa siendo una herramienta de aglutinamiento y rebeldía de las clases trabajadoras ante las injusticias que padecen.
Por tanto, la única forma de devolverle su sentido original al fútbol y al deporte en general, no es boicoteando las justas internacionales, sino luchando por superar el actual sistema económico y construir una forma de organización social distinta.
Mientras tanto, invito a todos los amantes del fútbol a disfrutar de los partidos del Mundial, porque la mayoría de las naciones competidoras han desarrollado y modernizado este deporte a muy altos niveles, aplicando la ciencia para hacerlo más técnico y más bello. Traen jugadores muy jóvenes, con un muy alto nivel técnico y algunos son verdaderos talentos.
El mundial también nos está dando verdaderas sorpresas en cuanto a los resultados, con triunfos y empates que están desconcertando a los mejores analistas.
A los jóvenes que disfrutan de este deporte y quieran ver todos los partidos, los invito a organizarse para formar grupos y que se avienten a comprar entre todos la suscripción de alguna aplicación de paga, porque solo 32 partidos se transmitirán por televisión abierta, y bien vale la pena apreciar y aprender de la técnica futbolística del mundial.
Los invito fervorosamente a que donde sea posible organicen equipos y ligas en las colonias, en los pueblos y en las escuelas para jugar fútbol y disfrutar de sus beneficios. Esto es perfectamente viable si los deportistas se organizan de forma independiente, tal como fue el espíritu original del fútbol. Hay que jugarlo así como está hoy en día, mientras se transforma la sociedad capitalista que elitisa el fútbol y el deporte en general. Y ya llegará el momento en que el deporte vuelva a pertenecer totalmente al pueblo. |
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