De Veracruz al mundo
GILBERTO NIETO AGUILAR
.
2026-05-05 / 20:37:09
La violencia nuestra de cada día
La historia del periodismo de nota roja en México ha sido una crónica del morbo, la violencia y el reflejo de la realidad social, consolidada como un género esencial que ha evolucionado desde la crónica sensacionalista hasta la documentación de la guerra contra el narcotráfico. Entre 1920 y 1950, el crimen pasional constituyó una de las formas de homicidio más frecuentes en los registros periodísticos, insertados en la sección de nota roja.



El lunes 8 de julio de 1922, el diario El Universal, publicó: «Tragedia pasional en el barrio de Jamaica. Los celos fundados o infundados obligaron a matar», y una señora resultó muerta con un balazo en el pecho. El diario siguió la historia del crimen en la cárcel, con tal de darle al lector, por entregas, los pormenores en la vida de la pareja. Noticias similares fueron registradas frecuentemente y se convirtieron en el leitmotiv hasta los años cincuenta. (Saydi Núñez Cetina, “Los estragos de amor, Crímenes pasionales…”, Visor Redalyc, 2015).



En años anteriores El imparcial solía documentar homicidios atribuyendo la violencia a la pobreza y la ignorancia. En los años 20-30 el Excélsior publica notas policiacas y en 1939 nace la Revista Policía como pionera de la nota roja especializada. Surgen los reporteros y fotógrafos que capturan la tragedia al instante. Se ventilan casos como el de Goyo Cárdenas y el homicidio de Trotsky. Estas noticias las ven quienes buscan las revistas.



En los años sesenta y setenta había dos revistas sensacionalista y amarillistas, una llamada Alarma! y la otra llamada Alerta, ambas emblemáticas de la “nota roja”, especializadas en el crimen, la violencia y los desastres, acompañadas de imágenes explícitas. Se convirtieron en el referente máximo del sensacionalismo alcanzando tirajes millonarios, como en las explosiones de San Juan Ixhuatepec en 1984 y el sismo de 1985.



Ahí se encontraban imágenes crudas de la violencia detallando crímenes depravados, con titulares escandalosos que el morbo popular buscaba, incluso en el mercado norteamericano. Sus portadas y reportajes cubrían casos de gran resonancia, como lo fue la historia de Las Poquianchis, crímenes pasionales, parricidios, casos policiales de impacto, tortura, nacimientos deformes, matanzas de braceros, pornografía (bajo esta acusación cerraron la circulación de Alarma!, de 1986 a 1991).



En los 90 llega la violencia ligada al narcotráfico y la política (homicidios del Cardenal Posadas, Colosio, Ruiz Massieu, Amado Carrillo). Desde el inicio del siglo XXI, la nota roja ocupa la primera plana de los diarios principales y grandes espacios en los noticieros televisivos, enfocados de manera creciente en el narcotráfico, el narcoestado, enfrentamientos diarios en las calles, desmembramientos, hallazgos de fosas y altos índices de violencia, como parte de la vida cotidiana, a cualquier hora y en cualquier lugar. Estas noticias ahora se miran sin siquiera buscarlas; están por todas partes, hasta en los celulares personales.



La nota roja y el periodismo de investigación política y narcotráfico, se convirtieron en profesiones de alto riesgo. Entre 2000 y 2025, más de 170 periodistas han perdido la vida cubriendo reportajes del crimen organizado y de corrupción política. Las calles, lugares públicos, algunos hogares, hasta escuelas, se han teñido de sangre con la ola cada vez más intensa de violencia y crimen. La ciudadanía actual, a diferencia de la del siglo pasado, escucha sobre violencia, fosas, homicidios, secuestros, desaparecidos, y ya no le causa turbación. Son parte del pan de cada día. Lo que hace que se pierda la capacidad de asombro y de reacción, se “normalice” la violencia y sean indiferentes ante el dolor ajeno. Leves atenuantes, como la “Ley Íngrid”, buscan limitar la revictimización gráfica ante el exceso publicitario.



gnietoa@hotmail.com

Nos interesa tu opinión

>
   Más entradas
> Directorio     > Quiénes somos
® Gobernantes.com Derechos Reservados 2010