De Veracruz al mundo
FLORENCIO PÉREZ RAMÍREZ
Florencio Pérez Ramírez
2026-04-08 / 08:07:53
LA LECCION DE TAMIAHUA




Florencio Pérez (05-04-2026)



Sostener que Morena está “enterrado” en Veracruz a partir de una elección extraordinaria en Tamiahua es, en el mejor de los casos, una lectura parcial; en el peor, una apuesta narrativa sin sustento estructural.



Las elecciones extraordinarias no miden hegemonías: miden coyunturas. Intervienen factores atípicos —movilización desigual, fatiga electoral, conflictos locales, estructuras clientelares específicas— que distorsionan cualquier proyección estatal.



Morena no compite solo en un municipio: compite en un sistema. Y en ese sistema mantiene tres activos que ningún resultado aislado cancela: control territorial amplio, capacidad de movilización probada y una marca política aún dominante en amplios sectores sociales.



Confundir un tropiezo local con un colapso estructural es desconocer la lógica del poder en México: los partidos no caen por perder una plaza; caen cuando pierden narrativa, cohesión interna y capacidad de operación simultánea en múltiples frentes.}



Hoy, Morena puede enfrentar desgaste, natural en cualquier fuerza gobernante, pero desgaste no es derrota, y mucho menos extinción.



La política no se mide en episodios; se mide en tendencias. Y en Veracruz, la tendencia aún no acredita un entierro: apenas insinúa disputa. Quien quiera ver una tumba, está leyendo deseos.

Quien entienda el tablero, está viendo una reconfiguración.



Afirmar que Morena está “enterrado” en Veracruz es una exageración. Pero sostener que mantiene un posicionamiento sólido e incuestionable es, también, una ficción conveniente.



Lo ocurrido en Tamiahua no sepulta a nadie, pero tampoco es irrelevante: expone fisuras. Muestra desgaste territorial, fracturas internas y una capacidad de movilización que ya no opera con la misma contundencia de hace algunos años.



Morena sigue siendo competitivo, sí. Tiene estructura, marca y presencia. Pero empieza a evidenciar algo más delicado que una derrota: la pérdida de inercia. Y en política, cuando la inercia

se rompe, el poder deja de expandirse y comienza a defenderse.



El problema no es perder un municipio. El problema es que cada vez cuesta más ganarlo. Entre la narrativa del entierro y la del dominio absoluto, hay una realidad menos cómoda: Morena ya no avanza con la misma facilidad, pero tampoco ha dejado de ser un actor central.



No está muerto. Pero ya no es indiscutible. Y en política, dejar de ser indiscutible es el principio de todos los riesgos.

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