De Veracruz al mundo
AQUILES CORDOVA MORAN
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2022-12-01 / 09:56:40
LUCHA SALARIAL OBRERA, FRENO A LA CRISIS








Se afirma que el aumento de los salarios, por cuanto incrementa los costos de los fabricantes y, por tanto, los precios de sus productos, es altamente inflacionario y debe controlarse si queremos evitar una crisis o salir de ella. He aqu la razn de fondo que se esgrime para conceder a los obreros slo aumentos de hambre.



Pero la afirmacin de que un aumento salarial repercute fatalmente en el incremento de los precios solamente es cierta si se admite, al mismo tiempo, que no pueden o no deben reducirse, ni en el grosor de un cabello, los mrgenes de ganancia de los empresarios, sino que, por el contrario, tienen que aumentar constantemente para mantenerse "atractivos". De no ser as, los aumentos salariales suficientes no solamente no resultan inflacionarios, sino que son un correctivo enrgico para la crisis en la medida en que restablecen el equilibrio en uno de los puntos neurlgicos del sistema, en la relacin precios-salarios, es decir, en la medida en que atenan los efectos de la inflacin.



La inflacin, la elevacin constante y sin control de los precios, es uno de los resultados de la ruptura del equilibrio general del sistema, que estriba en que ste, debido a perturbaciones externas al circuito econmico, ya no puede hacer frente a las necesidades que le impone la produccin y la reproduccin ampliada del mismo, atenindose al viejo esquema de reparto de la riqueza social. Dicho de otro modo: la porcin de la riqueza social que corresponde a la clase propietaria y al Estado resulta, de pronto, insuficiente para hacer frente a los gastos y compromisos derivados de la existencia y funcionamiento del sistema, al mismo tiempo que es incapaz de satisfacer las expectativas de ganancia y enriquecimiento de ambos sectores.



Ante el problema se abren dos salidas: una, aumentar la produccin en cantidad y calidad hasta colocarla a la altura de las necesidades, es decir, producir ms riqueza para que alcance satisfactoriamente a todos; otra, sencillamente aumentar la porcin de riqueza en manos de la clase poseedora y del Estado a costa de la parte que corresponde al pueblo y a las clases laborantes, es decir, jalar la cobija hasta donde aguante, aunque la inmensa mayora se quede descobijada.



Este segundo camino (que casi nunca se elige premeditadamente, sino que se pone en marcha automticamente, como una reaccin instintiva, ante las dificultades de la economa), es el de la inflacin. La inflacin, entendida como el aumento desmedido de los precios, no es otra cosa que un mecanismo econmico que sirve para trasladar recursos de manos del pueblo, de los trabajadores, a manos de las clases poseedoras y del Estado, que buscan as salir de sus apremios econmicos y "reactivar la produccin".



El problema de este segundo camino radica en que es una salida falsa. Los defensores de la restriccin salarial y del aumento sin control de los precios alegan que sta es la nica manera de preservar la planta productiva, asegurar el abasto de todos los productos y garantizar tasas de ganancia que propicien la inversin y la reinversin en mejores condiciones, elevando as la produccin y la productividad. Es decir, de acuerdo con este punto de vista, mayor productividad o mayor inflacin no son dos caminos diferentes para salir de la crisis, sino dos fases sucesivas del mismo proceso, la primera de las cuales, la inflacin, a pesar del enorme sacrificio que impone al pueblo y a la clase obrera, es necesaria para preservar la planta productiva y para crear las condiciones de una futura reactivacin.



Pero este planteamiento olvida que la contencin salarial y el alza desmedida de los precios, es decir, el empobrecimiento drstico de las grandes masas de trabajadores, dejando a un lado si se quiere consideraciones de tipo tico y moral, trae como consecuencia un profundo debilitamiento del mercado interno y una incapacidad real, fsica y mental de los obreros para mejorar su trabajo en cantidad y calidad. En consecuencia, dicha poltica cierra en los hechos la posibilidad de una autntica recuperacin econmica que dice perseguir en teora.



La otra alternativa, en cambio, la de una poltica orientada en lo inmediato a la elevacin de la produccin y la productividad, lejos de apoyarse en la restriccin salarial y en el aumento de los precios, exige como condicin el aumento suficiente de los salarios. Con ello busca, en primer lugar, el fortalecimiento del mercado interno y, en segundo lugar, las condiciones materiales y sociales que permitan a los obreros desplegar un trabajo superior, en cantidad y en calidad, para elevar la produccin.



Pero esta segunda opcin tiene un grave defecto. Exige tambin la contencin, dentro de ciertos limites, de los afanes de lucro de los patrones; exige que estos se avengan a sacrificar una parte de sus mrgenes de ganancia, en tanto se logran avances firmes en la reactivacin de la actividad econmica. Este camino implica, en otras palabras, que los patrones deben de pagar una parte del costo para salir de la crisis; mientras que el otro, el de la inflacin incontrolada, implica que todo el costo caiga sobre los hombros de los trabajadores.



Y es evidente de toda evidencia que, dgase lo que se diga, se argumente como se argumente, los poderosos no van a renunciar a sus ganancias, no van a decidirse, por la simple compulsin de la razn y la lgica, por un camino que les impone renuncias y sacrificios, por firme y seguro que parezca. Es necesario que una fuerza objetiva, real y poderosa los obligue a ello; y esa fuerza no puede ser otra que la de un movimiento obrero bien organizado e independiente, que est dispuesto realmente a defender sus intereses, en primer lugar el incremento de los salarios.



La independencia y la capacidad de lucha de la clase obrera siempre han sido necesarias en todo tiempo y lugar para la conquista de una mejora real de sus condiciones de vida y las de sus familias. Pero hoy, en Mxico, esa independencia y esa capacidad de lucha son imprescindibles, adems de por lo anterior, por una razn adicional: porque constituyen una de las pocas esperanzas reales, viables, para reorientar al pas por una senda de autntica superacin de la crisis.

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