De Veracruz al mundo
AQUILES CORDOVA MORAN
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2022-08-11 / 09:44:53
CHINA MERECE LA SOLIDARIDAD MUNDIAL






Los das 2 y 3 de agosto, la presidenta de la Cmara de Representantes de EE. UU., la diputada demcrata por California, Nancy Pelosi, realiz una visita a Taiwn, la isla que, desde siempre, China ha considerado parte integrante e inalienable de su territorio. Pelosi se reuni con la dirigente de la localidad de Taiwn, Tsai Ing-Wen, abierta enemiga del rgimen social de China y partidaria de la independencia de la isla.



En el documento que en 1979 sancion el restablecimiento de las relaciones diplomticas entre los dos pases, EE. UU. reconoci expresamente el derecho soberano de China sobre la isla de Taiwn y se comprometi a respetar el principio de una sola China. Este compromiso implic respaldar el derecho de China a ocupar el asiento en la ONU que vena detentando Taiwn; no dar a la isla el trato de pas independiente, que implica a su vez no establecer relaciones diplomticas con su gobierno; ninguna relacin poltica de alto nivel en general; no entregar a la isla armamento que pueda usar para atacar a China continental; no alentar a las fuerzas separatistas dentro de Taiwn y favorecer la reunificacin pacfica de las dos partes. En tres declaraciones conjuntas posteriores, Estados Unidos ratific otras tantas veces este compromiso.



La visita de Pelosi, la tercera persona con mayor poder y representatividad en la jerarqua gobernante segn los medios, viola evidentemente todos los compromisos derivados del principio de una sola China. No solo atropella la soberana del gran pas asitico, sino que incluso pone en riesgo su seguridad nacional, puesto que la diputada Pelosi, en una actitud arrogante y provocadora, se reuni con la dirigente de la localidad de Taiwn, Tsai Ing-Wen, en la oficina de sta ltima y ah declar que mi delegacin vino a enviar un mensaje inequvoco de que Estados Unidos est con Taiwn. Queremos que Taiwn tenga siempre libertad con seguridad y no nos apartaremos de eso. (CNN, 3 de agosto). Aqu hay un claro desafo al pueblo y Gobierno chinos y una acusacin implcita de ser una dictadura que no garantiza libertad con seguridad a sus ciudadanos. Por qu o para qu? sera la pregunta.



Antes de la visita, China hizo todos los esfuerzos a su alcance para hacer entrar en razn al Gobierno de Biden y a la propia Pelosi para convencerlos de que desistieran de semejante violacin a sus compromisos previamente adquiridos, cosa que pondra en riesgo sus relaciones mutuas y la estabilidad de toda la regin de Asia Oriental. Se puso en accin la cancillera china y su jefe, el ministro de Exteriores Wang Yi; los voceros de la cancillera del Gobierno; los medios reconocidos como representantes autorizados de los puntos de vista del Gobierno y del gobernante Partido Comunista Chino y el mismo presidente Xi Jinping, quien, en entrevista virtual con el presidente Joe Biden, le dijo que quien juega con fuego acaba quemndose con l. Finalmente, hubo advertencias claras de que, en caso de que ocurriera el atropello, el Ejrcito Popular de Liberacin (EPL) no se quedara de brazos cruzados. Todo en vano.



El Gobierno norteamericano dio una respuesta para ingenuos o tontos de remate: EE. UU. mantiene su compromiso con la poltica de una sola China, pero rechaza una reunificacin por la fuerza y, adems, la diputada Pelosi toma sus propias decisiones. No entiendo a qu viene eso de rechazar la unificacin por la fuerza, puesto que no veo que el Ejrcito chino est en pie de guerra y listo para la reconquista de Taiwn a sangre y fuego. Tampoco se nos aclara si la autonoma de la seora Pelosi la faculta para desencadenar una tercera guerra mundial sin necesitar la autorizacin de nadie. Lo cierto, a mi juicio, es que todo obedeci a una estrategia de Estado planeada, autorizada y ejecutada por los altos mandos civiles y militares del pas. La seora Pelosi es solo el instrumento visible de esa maniobra, que buscaba poner a China ante esta disyuntiva de hierro: o iniciar una guerra en defensa de su soberana y su unidad territorial o tragarse la humillacin que le infligira el viaje de Pelosi. Y para hacer ms patente la disyuntiva, la diputada Pelosi lleg a Taiwn escoltada de cazas, bombarderos, buques de guerra y un portaaviones. As la humillacin sera monumental si China rehua el combate, como finalmente ocurri.



Para hacernos una idea de la verdadera naturaleza del problema, repasemos brevemente algunos antecedentes. Como sabemos, el rgimen actual de Taiwn tuvo su origen en 1949, a raz de la derrota del ejrcito nacionalista del Kuomintang, liderado por Chiang Kai-shek y patrocinado por EE. UU., a manos de los comunistas de Mao Zedong. Habiendo perdido ya todo el territorio continental, Chiang Kai-shek, junto con los restos de su ejrcito y los miembros civiles del Kuomintang, se refugi en la isla de Taiwn e inici la construccin de la nueva sociedad siempre guiado por el odio irreconciliable hacia la revolucin china y su lder, Mao Zedong. En un primer momento, el presidente norteamericano, Harry S. Truman, ofreci no intervenir si Mao retomaba la isla, con lo cual reconoci, de paso, que Taiwn era propiedad legtima de China. Las dificultades de la situacin impidieron la accin inmediata.



Pero la opinin de Truman evolucion rpidamente en sentido opuesto, impulsada precisamente por el triunfo de la revolucin comunista en China. En la primavera de 1950, el Departamento de Estado formul el importante documento conocido como NSC-68, en el cual traz una estrategia totalmente nueva con el propsito de contener el avance del comunismo en el lejano oriente y en todo el mundo subdesarrollado. La nueva estrategia, que fue aprobada y puesta en ejecucin por el Consejo Nacional de Seguridad en junio de ese mismo ao, se basaba en la teora del domin, segn la cual, la derrota de las instituciones libres en cualquier parte, deba considerarse como una derrota de la democracia en todas partes, por lo que era indispensable derrotar al comunismo donde quiera que asomara la cabeza. El NSC-68 era la extensin y oficializacin de la llamada doctrina Truman, formulada por primera vez en 1947 con motivo de la lucha en Grecia contra las guerrillas comunistas. En esencia, la nueva estrategia significaba convertir a EE. UU. en el polica del mundo.



El NSC-68 defina a la Unin Sovitica como el enemigo principal y a China como un trampoln para la penetracin comunista en el sudeste asitico; deca que cualquier cambio en el equilibrio militar mundial poda representar un peligro para EE. UU. y, en consecuencia, revaluaba la importancia de Taiwn en la poltica de contencin del comunismo. A finales de mayo de 1950, la Casa Blanca decidi acelerar el envo de armamento a los nacionalistas e intensific las operaciones encubiertas en China y en Taiwn. Esto significaba que Truman haba decidido reanudar su intervencin en la guerra civil china, y nuevamente en favor de los nacionalistas.



El 25 de junio de 1950 estall la guerra de Corea. Los norteamericanos, temerosos del involucramiento de la URSS y de China en apoyo a los comunistas, se lanzaron de cabeza en el conflicto coreano. Truman incluy a Corea del Sur en su Permetro Defensivo del Pacfico y el mismo 25 de junio envi fuerzas navales y areas en apoyo a los surcoreanos. Cinco das ms tarde, el 30 de junio, decidi enviar tropas de combate. Este hecho marc el inicio formal de la cruzada anticomunista en el Tercer Mundo echando mano del podero militar de EE. UU.



Ante el empuje combinado de tropas de la ONU y norteamericanas bajo el mando del general MacArthur los comunistas se retiraron al otro lado del paralelo 38, el lmite entre las dos Coreas; Truman orden perseguir a los que huan en su propio territorio, es decir, orden la invasin de Corea del Norte, aplastar a los comunistas y reunificar la pennsula bajo el gobierno de Sel. Los chinos, que no queran una Corea hostil que amenazara a Manchuria, advirtieron a los invasores que, de llegar a sus fronteras entraran en la guerra, pero no logr detenerlos. El 25 de noviembre de 1950, las fuerzas de la ONU llegaron al ro Yalu, frontera entre China y Corea, y el ejrcito chino contraatac. Las fuerzas de la ONU tuvieron que replegarse ms all del paralelo 38. MacArthur propuso responder bombardeando Manchuria y bloqueando la costa de China continental con las tropas de Chiang Kai-shek. Truman no aprob el plan, pero qued definitivamente convencido de que Taiwn era clave para la defensa del "mundo libre" y lo incorpor como un eslabn esencial en la lnea defensiva norteamericana en el Pacfico oriental.



Desde esa fecha han tenido lugar varios conflictos, unos mayores y otros menores, entre China y EE. UU. por el control de Taiwn, conflictos que han servido de pretexto a los norteamericanos para incrementar la ayuda econmica, tecnolgica y militar a Taiwn, preparando as, paso a paso, el momento de su independencia definitiva para incorporarlo como un miembro de sus alianzas militares en la regin. Por encima del compromiso formal con el principio de una sola China, en los hechos ha prevalecido la ambigedad diplomtica, una poltica que merece ms el nombre de hipocresa y mentira, que consiste en reiterar de palabra lo de una sola China y, en la prctica, seguir armando y alentando el separatismo de los nacionalistas taiwaneses.



Los norteamericanos le temen a una China cuyo gobierno se declara firmemente socialista y cuya economa ha alcanzado niveles de crecimiento y desarrollo inesperados para Occidente en un tiempo rcord, pujanza econmica que le ha permitido extender sus contactos comerciales y financieros con Europa y con todo el mundo subdesarrollado ofreciendo a todos condiciones realmente benignas y realmente ventajosas para ambas partes tratantes, sin condicionamientos ideolgicos ni exigencias de vasallaje poltico. Y es obvio que lo que China gana en este terreno, lo pierde EE.UU. De ah que la guerra fra y la estrategia trazada en NSC-68, sigan siendo las pautas de su poltica frente a Rusia y China. En esta visin estratgica, la importancia de Taiwn crece, y se vuelve urgente su independencia para servir de base a un futuro ataque a China.



Ni los rusos ni los chinos buscan el dominio del mundo para explotar sus riquezas naturales, sus mercados y su mano de obra barata. Ambos pases quieren un mundo con un reparto mejor del crecimiento y del desarrollo econmico, con fortalecimiento relativo de todas las economas, de todos los mercados internos, para poder establecer con ellos un intercambio vigoroso y provechoso para todos. Para eso, China no necesita la guerra sino la paz; la seguridad compartida en la que nadie tenga derecho a asegurar su propia tranquilidad a costa de la de otro o de otros. China busca sinceramente la cooperacin con Estados Unidos, segura de que es posible un acuerdo mutuamente beneficioso para ambos. Pero precisamente es este desarrollo pacfico que China propone lo que Norteamrica ve como la peor amenaza para su hegemona mundial, y busca contenerlo y desbaratarlo a cualquier costo, incluida la guerra. Sabe que la paz es alimento nutritivo para China, pero veneno mortal para sus monopolios industriales, financieros, y su complejo militar industrial. De ah la incompatibilidad inmanente entre ambos puntos de vista.



El verdadero reto de EE. UU. es obligar a China a una confrontacin blica, como hizo con Rusia en Ucrania, y para eso est buscando desesperadamente el pretexto ideal, objetivo compartido por Europa y seguido pasivamente por el resto del mundo, amedrentado por su podero econmico y militar. Y por eso y para eso estn jugando la carta de Taiwn. La visita de Pelosi y sus imprudentes declaraciones no son otra cosa que una burda provocacin en tal sentido. Por eso fracasaron todas las tentativas de hacerla entrar en razn.



Los medios atlantistas, la presidenta de la Comisin Europea, los pases del G-7, la Unin Europea y la OTAN, han desatado una campaa de infamias y de descarada tergiversacin de los hechos, para culpar a China de poner en riesgo la paz de la regin por sus medidas reactivas contra los separatistas de Taiwn; pero no dicen una palabra sobre la arrogante, imprudente y desafiante conducta de la seora Pelosi. Segn ellos, China solo tiene derecho a recibir el golpe y a poner la otra mejilla; ellos, en cambio, el de golpear, sancionar, armar a Ucrania y a Taiwn, gastarse el tesoro congelado de sus vctimas para seguir financiando una cruzada descabellada por la conquista definitiva del planeta para su exclusivo provecho.



Pero China tiene razn, tanto en su estrategia mundial como en la defensa de su soberana. El abusn, agresivo, irresponsable y guerrerista es el imperialismo yanqui, y los pueblos del mundo haran bien en entenderlo as y brindarle todo su apoyo y solidaridad incondicional al pueblo y al gobierno revolucionario de China.

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