El sometimiento de Delsy Rodríguez nueva presidenta de Venezuela desconcertó a medio mundo. Poco a poco, conforme las declaraciones del presidente Trump fueron analizadas, primero se trató de justificar que Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones presidenciales en 2024 no asumiera el poder, explicando que para que Venezuela no caiga en el caos, es mejor mantener ¨por un tiempo¨, a las autoridades que tienen todos los hilos del poder.
Al pasar los días, el presidente Trump ha sido más claro. No llegará al poder por instrucciones suyas, ni Edmundo ni Corina Machado. Mientras tanto, Delsy afianza el control político, recibiendo la sumisión de las fuerzas armadas, y colonizando los espacios de poder que los más cercanos y fieles de Maduro todavía poseían.
A estas alturas, ha quedado claro que a Maduro lo traicionaron quienes hoy detentan el poder en Venezuela. Los militares, al haber sido corrompidos por el propio Maduro, decidieron olvidar los principios de lealtad y amor a la patria, al grado de que cuando comenzó el ataque Estadounidense, en lugar de correr a defender a su presidente y a su patria, corrieron, pero para alejarse lo más posible del lugar dónde había enfrentamientos armados.
Delsy y el grupo de chavistas que están en el poder, han optado por el más puro pragmatismo. Le entregan a Estados Unidos todo lo que solicite a cambio de conservar sus privilegios, su estatus, y sobre todo, lo robado y saqueado al pueblo venezolano, que ahora forma parte de su propio patrimonio.
El tono de la misma acusación en contra de Maduro así lo indica, ya no se menciona al cártel de los soles, incluso hay diálogo y amenazas a Diosdado Cabello, pero se olvida que su cabeza tiene precio, ya que Estados Unidos ofrece una recompensa muy jugosa por su captura.
Trump siendo un hombre práctico, optó precisamente por el pragmatismo, por encima de los ideales, con que en anteriores intervenciones, Estados Unidos disfrazaba sus intereses. Sabe por los análisis que ha realizado su equipo de inteligencia, que para mantener la paz social y la estabilidad en Venezuela, hay que aliarse con aquéllos que en alguna ocasión se etiquetó de enemigos. Lo mismo hizo Estados Unidos en Siria al aliarse con un ex terrorista y hasta este momento ha dado resultado.
Cuando está en proceso esta colaboración, nos enteramos que se libera a una parte de los presos políticos de Venezuela, -esperemos que pronto se anuncie que liberaron a todos-. Si todo marcha como hasta ahora, el dilema ético será diluido conforme el nivel de vida de los venezolanos se recupere, pues el bienestar acallaría incluso el clamor por justicia a las víctimas que fueron torturadas, asesinadas, expoliadas, o expulsadas del país.
La mano dura del chavismo puede controlar a una población ya de por sí asustada y temerosa, educada para obedecer después de tantos años de tiranía, de tal manera que se logre esa máxima
del gatopardo que indica que ¨todo cambia para que todo siga igual¨. El gran cambio sería la salida de Maduro en momentos en que el presidente Trump requería un aumento de popularidad entre los votantes norteamericanos, la salida de Venezuela de Cuba, China, Irán y Rusia, pero para el pueblo venezolano, la ansiada democracia todavía tardará en llegar, si es que algún día regresa.
¿Cuál es la lección para la oposición mexicana? Todos los días se comparte información sobre la inminente caída del régimen de Morena en México en grupos y redes de oposición, sin tomar en cuenta las enormes diferencias que existen entre el régimen de Maduro y el de México.
En principio, México está cooperando en todo lo que al presidente Trump se le ofrece. Salvo algunas estupideces de radicales dentro de morena, como la convocatoria del Fisgón para protestar frente a la embajada americana, todo mundo está alineado con las historias, cuentos y narrativas que salen de palacio nacional. No hay oposición a la sumisión del régimen ante nuestro –de facto- Supra presidente, lo denomino así, porque manda al presidente en turno.
La cercanía del gobierno de Morena con los principales cárteles mexicanos, puede reducir y mucho, aquéllas actividades ilícitas, que dichos cárteles realizan y molestan al presidente Trump. Ya hay estadísticas que muestran que el consumo de metanfetaminas y de fentanilo se han incrementado en México en porcentajes de dos dígitos anuales a raíz de la guerra contra las drogas iniciada por presidente Trump. Así, los cárteles pueden reducir sus negocios en Estados Unidos y encontrar nuevos mercados, aunque sin la misma capacidad de poder adquisitivo.
A todos los mexicanos nos consta que gracias al disimulo de las autoridades, las empresas criminales se han diversificado a negocios lícitos, medio lícitos y a otro tipo de actividades ilícitas que no eran su ámbito tradicional. Así que si el presidente Trump decidiera atacar a algún grupo, destruir algún laboratorio o alguna acción similar, lo haría en razón de su popularidad ante los votantes americanos.
La presión que hoy se ejerce contra México y los presuntos funcionarios que facilitaron y se enriquecieron apoyando actividades criminales, tiene su razón de ser en buscar que México otorgue concesiones en la renegociación del tratado de libre comercio, muy por encima de lo esperado, si no hubiera ¨pecadillos¨ que ocultar a la opinión pública. Pecadillos por cierto, ya conocidos, pero no confirmados por la autoridad superior de las instituciones de justicia norteamericanas.
La oposición en México no ha podido entender que la presidenta Sheimbaum tiene muchas armas para negociar que ella, la familia real y algunos otros miembros de la elite gobernante no sean mencionados ni tocados por las autoridades estadounidenses.
Imagina que tienes que escoger entre un detenido de altísimo nivel en la nomenclatura de morena, o el control de 130 millones de trabajadores/consumidores y los recursos que puedes obtener en dos millones de kilómetros de territorio mexicano. La respuesta a ese dilema es obvio, con la ventaja de que Morena tiene un control social absoluto y que su ¨narrativa¨ es creída por la mayoría de los mexicanos.
Considerando además que todas las redes de complicidad entre poderes fácticos, empresas criminales y los hombres más ricos del país, pasan por el partido oficial, es evidente que para explotar los recursos materiales y humanos de México, el pragmatismo indica negociar y exprimir al gobierno en turno, en lugar de pensar en sustituirlo por otro, sobre todo cuando la oposición resulta de caricatura e inexistente para fines prácticos, sometida al poder en turno.
En conclusión, pensar que el presidente Trump ayudará a un cambio de gobierno en México resulta un sueño que no tiene posibilidad de cumplirse para la oposición. Considerando además que el período del presidente Trump termina dos años antes que el período presidencial en México, algo muy fuerte tendría que pasar entre la nomenclatura de Morena y el próximo presidente de los Estados Unidos, para que allá decidieran que es momento de un cambio de colores en el gobierno de México, y de ser así, la opción más viable sería cambiar el guinda por el azul, aunque la probabilidad es mínima.
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