| Mexicano busca crear la primera vacuna de ARN mensajero contra el cáncer de próstata . | ||||||
| Un investigador mexicano trabaja en una plataforma de ARN mensajero que podría abrir camino a vacunas terapéuticas contra cáncer. | ||||||
| Domingo 07 de Junio de 2026 | ||||||
| Por: Excelsior | ||||||
Greco Hernández Ramírez, del Instituto Nacional de Cancerología, comenzó a trabajar con antígenos de próstata para colocarlos en una molécula de ARN mensajero. La idea es que esa molécula pueda llevar instrucciones al cuerpo para producir proteínas capaces de activar una respuesta inmune contra células tumorales. “Yo comencé con próstata, con antígenos de próstata para ponerlos en un mensajero. Estamos en eso, vamos, ahí vamos, pasito, pues vamos lento, pero si yo tuviera más dinero, iríamos más rápido”, explica el investigador. El ARN mensajero no nació en la pandemia Aunque para millones de personas el ARN mensajero se volvió conocido por las vacunas contra covid-19, su historia empezó mucho antes. Antes de convertirse en una plataforma médica, fue una pieza fundamental para entender cómo funciona la vida dentro de las células. Greco Hernández lo explica como una molécula que lleva información desde el ADN hasta la maquinaria celular encargada de fabricar proteínas. “Hubo que descubrir el mensajero como tal, como una molécula inestable, pero que pasa información de un lado a otro, desde la caja negra de las células, que es el núcleo, a la fábrica de proteínas. Es el mensajero el que lleva el mensaje genético”, señala. Ese conocimiento tomó décadas. Primero fue necesario entender qué era el ARN mensajero, luego cómo se traducía la información genética en proteínas y más tarde cómo podía usarse esa molécula como una herramienta terapéutica. “Creo que es una revolución en biotecnología, no en biología como tal, porque la biología del mensajero se fue conociendo desde los sesentas; sin embargo, representa una revolución tecnológica porque hasta hace cinco años, cuatro años desarrollar una vacuna se tardaban hasta 30 años, 20 años”, afirma Hernández. Para el investigador, el punto revolucionario fue la rapidez. Mientras algunas vacunas tradicionales tardaron décadas en desarrollarse, las vacunas de ARN mensajero contra covid-19 demostraron que una plataforma bien diseñada podía generar una respuesta en mucho menos tiempo. “El RNA mensajero, ahí radica su aspecto revolucionario en biotecnología y en la aplicación clínica. En un año podemos tener una vacuna que funcione y que ya se meta a pruebas clínicas en humanos y no en 18 años o en 20”, explica. Del virus al cáncer: el salto más difícil Pero usar ARN mensajero contra un virus no es lo mismo que usarlo contra un tumor. En el caso de covid-19, el sistema inmune debía reconocer una proteína ajena al cuerpo. En el cáncer, el reto es mucho más delicado: las células tumorales nacen del propio organismo. Ahí está una de las razones por las que desarrollar vacunas contra cáncer ha sido tan complejo. No se trata simplemente de decirle al sistema inmune que ataque. El cuerpo tiene mecanismos para evitar que sus defensas destruyan sus propias células. Romper ese equilibrio puede ser peligroso. “Porque la vacuna contra el cáncer son tus propias células y tú tienes que atacar tus propias células, es fuego amigo. El sistema inmune no te ataca ahorita a ti mismo”, explica. El problema, dice, es que durante millones de años el sistema inmune aprendió a distinguir entre lo propio y lo extraño. Una bacteria o un virus pueden ser identificados como invasores. Una célula cancerosa, en cambio, sigue siendo parte del cuerpo, aunque haya perdido el control de su crecimiento. “Es muchísimo más fácil desarrollar una vacuna eficiente contra un virus, porque viene de fuera y no contra tus propias células que son el cáncer”, señala. Por eso, las vacunas terapéuticas contra cáncer no buscan prevenir la enfermedad como ocurre con muchas vacunas infantiles, sino ayudar al sistema inmune a combatir un tumor que ya existe. En ese sentido, no funcionarían solas ni sustituirían de inmediato tratamientos como cirugía, quimioterapia o inmunoterapia. Su posible papel sería integrarse a estrategias combinadas. “Contra cáncer, la idea es que sean terapéuticas, por el momento terapéuticas las vacunas, y sí son vacunas porque intentan activar el sistema inmune contra una molécula sobreexpresada en cáncer”, explica Hernández. La apuesta mexicana contra el cáncer de próstata En México, el proyecto de Greco Hernández busca desarrollar una plataforma experimental de ARN mensajero. El primer objetivo está relacionado con cáncer de próstata, uno de los tumores más frecuentes en hombres. El investigador no habla todavía de una vacuna terminada, sino de una plataforma que debe probar que funciona desde la base: que el ARN mensajero diseñado pueda traducirse de manera eficiente y producir los antígenos que se buscan. “Estamos apenas desarrollando los mensajeros que se traducen, que funcionen eficientemente con el nivel de las vacunas de Pfizer, por ejemplo”, dice. Ese punto es clave. Antes de pensar en pacientes, hospitales o tratamientos, el equipo debe demostrar que su molécula funciona en condiciones experimentales. Después tendría que pasar por modelos animales, estudios preclínicos, autorizaciones bioéticas, revisión regulatoria y ensayos clínicos. El dinero como reactivo limitante En el laboratorio, el avance no depende solo de ideas. También depende de reactivos, equipo, estudiantes, personal especializado, permisos y años de trabajo. Para Greco Hernández, el principal límite es económico. “Siempre el reactivo limitante es el dinero. Si yo tuviera dos millones más ahorita disparamos, o sea, avanzamos más rápido, avanzaríamos más rápido, pero no es el caso”, dice. El proyecto cuenta con estudiantes de maestría, doctorado y posdoctorado que trabajan en el desarrollo de la plataforma. Sin embargo, el investigador insiste en que México necesita una inversión sostenida si quiere dejar de comprar tecnología desarrollada en otros países. “¿Por qué no lo hacemos nosotros? Ese es un punto importante. Que si Alemania desarrolló la vacuna de covid y nos la vendió a precio de oro, ¿por qué no la desarrollan ustedes en México? Que el gobierno ponga dinero constante y sonante por décadas en investigación básica”, plantea. Una vacuna que todavía no existe, pero que abre una pregunta El desarrollo mexicano de ARN mensajero contra cáncer de próstata todavía está lejos de convertirse en una vacuna aplicada en hospitales. El propio Greco Hernández evita prometer fechas. Habla de años, de incertidumbre, de investigación que puede avanzar de forma inesperada o tardar décadas. “Esto va para largo, bueno, largo, pues qué sé yo, unos años, pero toda la investigación básica es así”, dice. |
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