De Veracruz al mundo
KAIRÓS
Francisco Montfort Guillén
2026-04-30 / 11:05:20
Tropezón y abismo


Francisco Montfort Guillén

Decíamos en la columna anterior que México nunca ha tenido una Constitución por consenso, ni su expresión en un Estado construido con base en el diálogo razonado y tomando en cuenta el necesario poder que deben tener los ciudadanos. A estas alturas de la historia mundial, debería ser claro para las élites mexicanas, las más informadas y supuestamente más capacitadas, que un Estado exitoso debe contar con equilibrio de poder entre gobernantes y gobernados. Si analizamos los Estados exitosos constataremos que todos tienen los mismos elementos que en verdad funcionan y que a los Estados fracasados les hace falta alguno o varios de los elementos que han hecho de aquellos países ejemplos ciudadanos con mejores vidas confortables, con menores desigualdades, con mayores escolaridades y mejores sistemas de salud, con más seguridad interna, con verdadero orden y con organizaciones exitosas.

Lo cierto también es que ninguna de esas sociedades ha nacido con todas sus cualidades de éxito. Todas esas naciones desarrolladas han seguido, cada una, procesos singulares adecuando sus normas o costumbres a una modernización constante en la búsqueda de su perfeccionamiento. Han conocido procesos de violencia con golpes de Estado, guerras civiles, periodos de anarquía, tiempos de autoritarismos varios. Pero su búsqueda de una mejor sociedad no se ha detenido hasta iniciar procesos en forma de bucle que hacen que los bajones duren el menor tiempo posible y los ascensos sean lo suficientemente largos para encontrar el camino civilizatorio que funde a la democracia con el desarrollo y la modernización, dirigido por un Estado altamente eficiente y eficaz, manejado por una burocracia solvente y profesional.

Pienso que el Estado despótico que surgió de la llamada Revolución Mexicana conoció etapas de desenvolvimiento que permitieron el crecimiento económico y la construcción de instituciones básicas que lo convirtieron, por momentos, en la <>. Durante todo este período, no se preocuparon los gobernantes por equilibrar el poder entre ese Estado que funcionaba como <> y los poderes de la ciudadanía para intervenir en los asuntos públicos. Sólo el desgaste de este Estado todopoderoso permitió que algunas pequeñas desviaciones se sumaran para impulsar las instituciones que dieron origen a la Transición Democrática. Este esfuerzo de transformación propiamente terminó con el gobierno de Ernesto Zedillo. El ánimo transformador, la alegría de la innovación, el deseo de autosuperación casi desapareció cuando hicimos caer nuestro Muro de Nopal (o de Berlín) con la llegada del PAN a la presidencia.

La gran tarea, ya no de transición, sino de construcción de la democracia fue parada en seco. Ni nuevas instituciones en donde intervinieran los ciudadanos de manera efectiva, ni los ánimos para alentar a esta ciudadanía a participar en una nueva etapa histórica, ni la construcción de un nuevo modelo de desarrollo económico ni la creación de varias instituciones de educación superior de verdadera élite y una reforma educativa de nuevos contenidos que rompiera con la educación de ciudadanos pasivos fue acometida. Los intentos de reformas fueron aislados, menores, sin progresividad y sin encadenamientos estratégicos para generar otra sociedad, otro país, otro Estado. Las pocas iniciativas de reformas, además, fueron detenidos por el PRI opositor. Curiosamente, los nuevos grandes cambios estructurales sólo regresaron con el PRI de Peña Nieto, pero acompañado con una nueva generación de políticos jóvenes, avejentados prematuramente por el corrosivo mal de la gran corrupción.

Y el desánimo ciudadano por detener los cambios estructurales se manifestó pronto con los múltiples rechazos a las acciones fuera de sentido de Vicente Fox, que asumió que ya había hecho su tarea antes de empezar a gobernar, pues él había cumplido <>. Desinflar las emociones y ansias por lo nuevo y mejor entre los ciudadanos, otorgarles más poder para controlar y exigir cuentas continuó con Felipe Calderón, a pesar de que su gobierno fue exitoso en términos del comportamiento priista de los gobiernos anteriores. Y su mayor éxito que fue tomar la decisión de combatir al crimen organizado para rescatar la soberanía del Estado y su control de la violencia legítima se convirtió en un bumerang para su imagen personal y su gestión por decisión de sus principales críticos; las izquierdas agrupadas en el PRD y su mesiánico líder Andrés Manuel López Obrador.

Y empezó la gran pesadilla para México gracias al Gran Estafador. Desde su primera campaña presidencial se enfocó en criticar a los gobernantes en turno. Pero no en proponer el equilibrio entre el poder del Estado y el poder de los ciudadanos. Y este equilibrio es el origen del régimen de lo que hoy llamamos democracia. Solón, el iniciador del Estado democrático de Atenas atendió varios frentes en un solo año de gobierno, de acuerdo con las leyes que regían el reino de Atenas. Cuando Teseo reclama el reino de su padre Egeo (en la llamada Era Oscura), la anarquía dominaba a falta de instituciones que pusieran orden. El primer intento de redactar leyes se le encarga a Dracón y tuvieron que crear otro tipo de escritura que fuera más eficiente, la copiaron de los fenicios, y de la primera constitución solo se conserva el fragmento. El castigo por violar las leyes era la muerte y el asesinato sin premeditación se castigaba con el destierro.

Estos datos y los que siguen, reseñados por Daron Acemoglu y James A. Robinson (El pasillo estrecho. Deusto, Barcelona 2024) dan cuenta que en la Grecia Antigua había dos instituciones políticas: la Ekklesía (abierta a todos los ciudadanos masculinos) y el Areópago (principal institución ejecutiva y judicial). <> Después de dar mayores libertades y equilibrar el poder entre elites y pueblo, comenzó el proceso de <>

Sirva este ejemplo de los inicios de la creación de un Estado democrático, es decir, bajo el control de los ciudadanos para saber que lo que hace Morena es exactamente lo contrario: está creando un Estado déspota, autoritario, con una burocracia ineficiente e ineficaz, proto fascista. Nuestro proceso por la democracia ha sufrido un gran tropezón que nos empuja al abismo. Es un gran golpe a las aspiraciones de que todos los mexicanos vivamos una vida digna de ser vivida.

francisco.montfort@gmail.com

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