De Veracruz al mundo
CAMALEÓN
AlfredoBielma
2020-01-25 / 13:07:26
“HOMBRES FUERTES”




De acuerdo a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, el Secretario de Gobierno es el encargado de coordinar la política interna en la entidad, función de primordial importancia, pero en los hechos, por la fuerza de las circunstancias, acompañadas por el estilo, el carácter y formación del titular del ejecutivo no siempre ocurre como lo señala la Ley. En Veracruz, en diversos gobiernos estatales ha habido un “hombre fuerte” del gobernador, en algunos casos no necesariamente ha sido quien se desempeña como Secretario de Gobierno.



La historiografía veracruzana registra casos interesantes de “hombres fuertes” en parte esa condición deviene de las características personales del gobernador en turno. Para hacer más precisa la narrativa podríamos partir del gobierno de Fernando López Arias (1962-1968), cuyo Secretario de Gobierno, un destacado jurista, fue una figura políticamente decorativa, constreñido a recibir la audiencia que el gobernador le encomendaba atender, a firmar los documentos que por Ley debían llevar su firma, pero era en otros ámbitos de la administración donde se llevaban los controles políticos del Estado.



De carácter recio, ejecutivo e imperativo, Fernando López Arias centralizaba las decisiones, pero filtraba algunos asuntos a Manuel Cequera Rivera, su Subsecretario de Gobierno. Fue una administración de poder centrípeto en la que la línea de mando fluía poco hacia los colaboradores porque estaba fuertemente constreñida a la decisión del gobernador. Cequera Rivera, Subsecretario de Gobierno, Taurino Caamaño Ramos, Diputado y coordinador legislativo y además presidente del Comité Directivo Estatal del PRI solo secundaban órdenes, cuidando de no despertar en el gobernador la más leve duda acerca del estricto cumplimiento de sus instrucciones.



En el gobierno de Rafael Murillo Vidal (1968-1974), de nuevo, el Secretario de Gobierno no tuvo acentuado protagonismo en asuntos de orden político, sin embargo, si hubo un “hombre fuerte” en la Subsecretaría de Gobierno que desempeñaba con bastante holgura Manuel Carbonell de la Hoz. Era el conducto ejecutivo de las decisiones del gobernador, operó negociaciones para deshacer entuertos, muchos de los cuales- decían los malosos- eran creados por él mismo-; fue conducto y operador de



decisiones de gobierno y en la formulación de las listas de candidatos a cargos de elección popular lo compartía con Manuel Ramos Gurrión, presidente del CDE del PRI y simultáneamente Presidente de la Legislatura Local. Carbonell también sirvió de pararrayos del gobernador, pues en no pocas ocasiones fungió como “el hombre malo” del gobierno, mientras el ejecutivo era el “bueno”, su manejo de los asuntos políticos le permitió figurar como un fuerte precandidato para suceder a Murillo Vidal. Su nombre está inscrito en la historia más reciente de nuestro Estado por el famoso episodio conocido como “El Carbonelazo”, cuando el presidente de la República Luís Echeverría dio marcha atrás en su decisión de hacerlo candidato del PRI para el gobierno veracruzano. Sin duda, por las acciones en que participó y el poder que le delegó el gobernador Murillo Vidal, Carbonell de la Hoz configura un prototipo de “Hombre Fuerte”.



Rafael Hernández Ochoa (1974-1980) llegó al gobierno veracruzano precedido por su amistad con el presidente Echeverría, cuyo hermano Rodolfo le recomendó a quien fue su primer Secretario de Gobierno, Luis Porte Petit, que dos tuvo. Pero ninguno de quienes ocuparon este cargo sumó la confianza que el gobernador depositó en el Subsecretario, Carlos Brito Gómez, su “hombre fuerte” en el gobierno. Ayudó a Brito su conocimiento de la geografía humana y física de Veracruz, pues lo había recorrido durante los seis años del gobierno murillovidalista, en labores de partido a diversos puntos del Estado, encomendadas por Manuel Ramos Gurrión, su paisano de Coatzacoalcos. Este antecedente sirvió a Carlos Brito para coordinar la campaña de proselitismo de Hernández Ochoa al gobierno de Veracruz, y así ganarse su confianza en el gobierno. Le favoreció el que, en el otro espacio político, el PRI, el presidente de éste Partido por seis años, Gonzalo Morgado Huesca, hacía pininos políticos y, al menos en los primeros tres años, dependió de la guía del Subsecretario.



Con Agustín Acosta Lagunes (1980-1986), no varió la situación. Gustavo Carvajal, Presidente del CEN priísta, recomendó al gobernador entrante a Raúl Lince Medellín, quien se había desempeñado como Secretario de Convenciones en el Comité Nacional priista. Pero don Agustín designó como Subsecretario a Ignacio Morales Lechuga, su amigo, un destacado veracruzano, Notario Público en el Distrito Federal con pocas ligas políticas en el Estado, pese a lo cual de inmediato se apoderó de la operación política convirtiéndose en un poderoso factotum en el gobierno



Acostista. Morales Lechuga suplió su inicial falta de conocimiento de la clase política veracruzana con una brillante inteligencia y basta cultura, prendas muy raras en este ambiente; además, le sirvió que a Don Agustín Acosta Lagunes le producía alergia el “rollo” político. “Nacho” fue durante cuatro años el indiscutible hombre fuerte del gobierno estatal, primero en la Subsecretaría, después en la Secretaría de Gobierno, cuando Lince Medellín renunció al cargo por motivos de salud. Posterior a la salida de Morales Lechuga ninguno de los que ocuparon la Subsecretaría de Gobierno o la Secretaría alcanzaron a concentrar el enorme poder que manejó Morales Lechuga, sobre todo porque al gobernador le empezaron a interesar los asuntos ligados al acontecer político local, incluyendo los aplausos. El caso de Morales Lechuga demuestra que el cargo es lo de menos, pues como Secretario y como Sub secretario manejó los mismos hilos del poder.



Vino luego Don Fernando Gutiérrez Barrios (1986-1992), quien sólo permaneció dos años en el cargo porque fue invitado por el presidente Salinas de Gortari para desempeñarse como Secretario de Gobernación. Nombró en la Secretaría de Gobierno a Dante Delgado Rannauro, quien se había desempeñado como Subsecretario con Don Agustín y coordinó como Presidente del PRI estatal la campaña de Don Fernando a la Gubernatura. Mientras Gutiérrez Barrios se ocupaba de manejar su imagen política con los medios y de preparar los apoyos necesarios para la candidatura de Salinas de Gortari a la presidencia, Dante Delgado se ocupó de toda la maniobra política estatal, un trabajo que desempeñó a la perfección mostrándose ante el ejecutivo como un laborioso y eficiente colaborador que mantenía bien ajustado el aparato de gobierno y las funciones políticas. A Dante no se le escapaba ni un ápice de lo que ocurría en el Estado, pues, incluyente, mantuvo a su lado a gran parte de la tradicional clase política veracruzana. Buena parte de la designación de colaboradores pasaba por el tamiz de Dante Delgado. Su memoria de privilegio le permite dirigirse por su nombre a las personas con quienes trata.



No se había vivido en el Estado un interinato desde los tiempos de Miguel Alemán Valdés, primero, y de Adolfo Ruiz Cortines, después. Pero se observó una impecable labor de convencimiento a través del trabajo de Dante hacia Don Fernando, a quien le inspiró la suficiente confianza como



para dejarlo como su sucesor en el cargo de gobernador para los próximos cuatro años (1988-1992).



Ya como titular del ejecutivo local Dante Delgado tuvo dos Secretarios de Gobierno, uno bastante efímero pero muy eficiente, Alfredo Algarín Vega y otro de no menor experiencia, Miguel Ángel Díaz Pedroza, sureños ambos. El estilo personal del gobernador Dante Delgado no permitió que ni su subsecretario ni el Secretario, ni el presidente del PRI pretendieran beligerancia política, pues todo lo vigilaba el gobernador, se decía que estaba pendiente hasta del nombramiento de un conserje.



Con Patricio Chirinos Calero (1992-1998) se reprodujo acentuadamente el fenómeno del “hombre fuerte”, al grado de hablarse del “poder tras del trono”. Miguel Ángel Yunes Linares fue, desde los inicios de este gobierno, el hombre que co-gobernó Veracruz y fue su estilo, más que el de Chirinos (¡¿), el que marcó éste periodo de gobierno. Desde el arranque Yunes sabía que él podía ser el sucesor de Patricio Chirinos, cuyo estilo le permitió una absoluta injerencia en toda la operación política veracruzana. Patricio descansó en Yunes toda la responsabilidad de su gobierno y éste la aprovechó en toda su extensión.



Pero la coyuntura del gobierno local no escapó a la influencia del gobierno federal encabezado por Salinas de Gortari. Recuérdense los traumáticos acontecimientos de finales del “salinato” (levantamiento zapatista en Chiapas, asesinato del candidato priista a la presidencia de la república, crisis económica, etc.) y que el legatario de Salinas, Ernesto Zedillo, en la presidencia de la república apenas entrando puso en la picota a su antecesor. Era muy manifiesto que Patricio, políticamente unido con lazos de estricta lealtad a Salinas, no podría operar con Zedillo a favor de Yunes para la sucesión. Además, todo se descompuso cuando Yunes sufrió una terrible derrota electoral cuando en 1997 el PRI perdió 107 municipios. De todas formas, como “hombre fuerte” la operatividad de Yunes recordaba a la que en su momento llegó a tener Carbonel de la Hoz.



Miguel Alemán Velasco (1998-2004) en su periodo de senador contempló y acaso padeció la agresiva operatividad política de Yunes, pues llegó a comentarse que éste ponía ciertas restricciones a las visitas de los senadores (Alemán y Carvajal) a Veracruz. Pero llegado al gobierno, Alemán optó por nombrar en la Secretaría de Gobierno a una abogada neófita en la política, que no le actuaría con actitudes del “hombre fuerte”. No escapó sin embargo a éste fenómeno, propiciado en parte por su estilo



de gobernar. No tuvo un “Hombre Fuerte”, sino varios. Alejandro Montano, su Secretario de Seguridad Pública, manifiestamente el de más confianza personal fue uno de ellos, pues en su ramo no se movía una pluma sin su conocimiento y consulta. Su poder llegó a grado tal de instalarse en la tesitura de operar la salida de un Subsecretario de gobierno, y a la vez sugerir a quien sustituiría al defenestrado. Llegada la ocasión, Montano fue mano para operar en el relevo de la Secretaria de Gobierno. Cuando llegaron los tiempos de la sucesión su nombre fue puesto en la palestra de la sucesión y levantó múltiples expectativas.



La narrativa histórica se alimenta de hechos cuya constancia registra la realidad de cada instante, Fidel Herrera, Duarte, Yunes Linares y Cuitláhuac García están en la sucesión de gobernantes. Oportunidad habrá para reseñar si tuvieron o tienen “hombres fuertes” o simplemente “hombres de confianza”, de cuyo concepto nos ocuparemos en otra colaboración. Alfredobielmav@hotmail.com



25 3n3r0- 2020

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