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CATARSIS
Elsade León A.
2011-04-05 / 23:29:20
Tu derecho termina cuando empieza el mío
Íbamos llegando al Puerto de Veracruz porque teníamos cita con el doctor, eran alrededor de las nueve y media de la mañana, un sábado, y después nos iríamos a la Cumbre Tajín. De repente, un grupo de personas detuvo el tráfico vehicular. Así, sin más ni más.

Estábamos a unos cinco coches de donde se encontraban los manifestantes con pancartas en contra de las matazones de Calderón. Se quejaban por las injusticias de las que han sido víctimas, me imagino, y ya cansados, decidieron llamar la atención de quienes llegábamos y quienes salían del Puerto de Veracruz.

No esperamos mucho. Hubo personas que empezaron a pensar, con la creatividad característica del mexicano, y pusieron piedras para nivelar el borde del camellón, y así pudimos dar la vuelta en u y dejar a los manifestantes con su derecho a expresarse.

Ayer en Xalapa sucedió algo similar: profesores conflictivos (¿no es pleonasmo?), del Sitev, que por conflictos al interior de su organización sindical, como leemos en varios medios de información, involucran al Gobierno para solucionar pugnas internas y afectan a muchos ciudadanos, a los que sin deberla ni temerla nos hicieron la vida de cuadritos durante varias horas.

El derecho a la libertad de expresión fue definido como un medio para la libre difusión de las ideas, y así fue concebido durante la Ilustración por filósofos como Montesquieu, Voltaire y Rousseau. Según Wikipedia: “La posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política”.

Pero precisamente la distorsión de algunos grupúsculos ha tergiversado este derecho que también lo consagra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en sus artículos 6º y 7º, en los que se glorifica la libre manifestación de las ideas. También se estableció el 7 de junio como el Día de la Libertad de Expresión en México, a partir de 1951.

Cerrar vías de acceso, impedir la libre circulación por las calles de la ciudad, atrapar a las personas en centros comerciales, impedir el paso a la casa de uno, obligar a la gente a estar donde no quiere estar y hacer lo que no quiere hacer, huele a un delito y debe ser castigado.

Hoy todos los ciudadanos de Xalapa comentamos y coincidimos que esto no puede volver a suceder; que quienes dicen que tienen derecho a “la libre expresión”, no hacen más que un abuso, una violación al derecho de los demás de transitar libremente por las calles de la ciudad.

Todos los ciudadanos de Xalapa fuimos afectados: tomaron nuestra vida y nuestra voluntad por horas con el afán de manifestar la inconformidad de unos cuantos, que se han caracterizado por ser revoltosos, como son los profesores, a quienes no les distingue su buena educación y menos, mucho menos, la libre expresión de las ideas. Ventilan su ira, su rabia, su odio hacia la sociedad, y eso ayer fue evidente.

No fue justo para nadie que hayan creado el caos más grande que se haya generado jamás en Xalapa, la ciudad que se ha convertido, bochornosamente, en la más complicada en su circulación vehicular; la ciudad que se ha caracterizado por el más alto índice de ciudadanos ansiosos; la ciudad que se ha caracterizado por el mayor número de mentadas de madre por segundo; la ciudad que se ha caracterizado por la incivilidad de sus ciudadanos y más de sus profesores; la ciudad del valemadrismo en toda su expresión.

Creo que el origen de la libertad de expresión se ha tergiversado y también que el derecho que todos tenemos tiene un límite: su derecho se termina cuando empieza el mío. Lo que pasó ayer en Xalapa fue un delito que debe ser castigado.



Sus comentarios a: edla20045@gmail.com

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