El maestro Jaime Torres Bodet, el humanista, el poeta, el diplomático admirable, más que el funcionario público adusto, el lúcido asesor de Presidentes y exitoso consejero de secretarios de Despacho, escribió entre 1960 y 1970, apenas un lustro antes de su muerte, una serie de ensayos intitulados “La angustia de nuestro tiempo”, que se publicó en periódicos y revistas de trascendencia nacional.
Torres Bodet supo prever en ellos, a menudo, el advenimiento de un tiempo adverso donde no sólo fuera normal el deterioro de la relación entre individuos de un mismo conjunto social, sino se preconizaran el abuso, el engaño y el asesinato de niños, mujeres y hombres de cualquier condición, en aras de establecer una supremacía sólo relacionada con dinero y únicamente constreñida a la inopia, a la tenebrosidad del egoísmo y la cobardía de sus protagonistas.
El tiempo aciago del que advirtió Torres Bodet, hace años está emplazado y parece enraizar en todo el territorio nacional, de tal suerte que ahora resulta normal enterarse a toda hora del día, de infinidad de asesinatos brutales contra todo tipo de gente –la gran mayoría inocente-, pero cada vez es menos enfática la condena popular a estos eventos reprochables, que regularmente vienen acompañados de un silencio cómplice y vergonzante de las autoridades municipales, estatales y federales.
En Nayarit, por ejemplo, hace apenas una semana se balearon entre sí miembros de dos bandas rivales de sicarios y presuntos narcotraficantes, sobre una de las más importantes y concurridas avenidas de la capital Tepic, con resultado de cinco muertos y múltiples personas heridas, entre transeúntes y automovilistas que tuvieron la desgracia de pasar cerca del sitio del enfrentamiento cuando éste ocurrió, y sin embargo a base de imponer el gobierno estatal un control férreo sobre los medios de comunicación locales, pareciera que no sólo el domingo 31 de enero no ocurrió tal hecho lamentable, sino que nunca ha sucedido desgracia alguna relacionada con la delincuencia en Nayarit.
Pero precisamente porque el gobernador Ney Manuel González Sánchez, reiteradamente se ha venido jactando que Nayarit ocupa uno de los lugares más sobresalientes en materia de seguridad pública en el ámbito del país, y debido a que se transmitió en un medio de alcance nacional una grabación donde el propio Ney González reprende y acusa al presidente municipal, Roberto Sandoval Castañeda, por no actuar e incluso ocultarse ante la presencia de grupos criminales en la ciudad, imputación que lleva implícitos señalamientos de incapacidad, cobardía y desinterés hacia los conflictos de sus gobernados, el caso no puede haber sido noticia de un solo día.
Más aún, de existir congruencia y ánimo de ser honesto en las palabras del gobernador nayarita, él mismo y el alcalde tepicense deben rendir público informe a la ciudadanía acerca de la realidad que vive la entidad en el delicado rubro de la seguridad pública, y asimismo dar a conocer los mecanismos que se implementarán para combatir el problema de manera frontal y decidida, porque la percepción social es que ambos son cómplices de la impunidad con que se mueven diferentes grupos delictivos en el estado y particularmente en Tepic, que ambos han sido y son incapaces no sólo de trabajar en equipo pese a que pertenecen al mismo partido -PRI-, sino de dar en los hechos los resultados que sí ofrecen en los discursos y en las estadísticas que ellos confeccionan; que ambos son copartícipes y responsables por negligencia y pusilanimidad, de la angustia de nuestro tiempo.
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