Esta visto que los resultados electorales en cualquier lugar del orbe conllevan una buena carga de aceptación o de rechazo al gobierno en turno, la manifestación de sus efectos corre a cargo de la forma de gobierno. Por ejemplo, si en nuestro país viviéramos bajo un régimen parlamentario, el resultado de la jornada electoral de 2009 pudiera haber propiciado la renuncia del presidente y su gabinete por considerar que la ciudadanía le habría retirado la confianza. Sin embargo, nuestro régimen es presidencialista y como tal republicanamente el gobierno federal habrá de concluir sus funciones el último día de noviembre de 2012.
Por lo pronto, el resultado de los comicios del 5 de julio de 2009 fue inversamente proporcional a las del 6 de julio de 2006. La enseñanza dice que la bancada legislativa del PRI en el Congreso de la Unión en 2006 quedó reducida a su mínima expresión y que gracias a las circunstancias que rodearon el ascenso de Felipe Calderón a la presidencia el PRI pudo maniobrar y servir de gozne en ese momento histórico. En 2009 se colocó como la primera fuerza en el Congreso y por su inobjetable mayoría podrá cabildear las reformas que este país requiere para avanzar hacia su desarrollo; colateralmente tiende la alfombra para facilitar las cosas en la elección presidencial del 2012.
Debiera aprovechar el PRI esta oportunidad, de lo contrario pudieran ser irrepetibles las condiciones que ahora le favorecen. Sin embargo, hay factores sociales e individuales cuya influencia sin duda repercutirá en el futuro más que inmediato. Se trata del viciado proceder de buena parte de quienes deciden por la colectividad priísta, porque son actores nacidos a la arena política gracias a procedimientos autoritarios y decisiones cupulares; son ajenos a un auténtico sentir y pensamiento democráticos y están lejos de adquirir la estatura de un estadista, su objetivo más inmediato es la próxima elección, no perder el poder y retenerlo a costa de lo que sea.
Para aterrizar el exordio basta con revisar el panorama político nacional, ahora que el presente es un año electoral por excelencia, pues la tercera parte de las entidades federativas cambiaran gobernadores, alcaldes y bancadas legislativas. Conforme se acerca la hora de decidir candidaturas se van configurando situaciones nuevas que perturban el entorno político. Así, ya han surgido inconformidades de quienes se sienten atropellados por el uso y abuso del inefable y flamígero dedo imposicionista en el PRI, en tanto que sus opositores velan estrategias fincadas en la inconformidad al interior de este partido y diseña alianzas que, de concretarse, pondrían en grave riesgo a la otrora hegemónica organización partidista. Lo empezamos a ver en Durango y en Oaxaca, quizás también en Puebla.
¿Qué sucederá en Veracruz? ¿Finalmente, el gobernador podrá decidir su sucesión tal y como la ha esbozado con el diputado Javier Duarte como candidato? ¿Cómo tomará la ciudadanía veracruzana, la que vota razonadamente, ésa aparente sucesión testamentaria?
Está claro que el ciudadano Javier Duarte tiene todo el derecho a aspirar al gobierno de su Estado, ¿quién en su sano juicio pudiera escatimarle ésa prerrogativa ciudadana? Es más, en su haber pudiera argumentarse que, dada su corta trayectoria política tendrá pocos adversarios, aunque por la misma razón apenas habrá tenido tiempo de formar su propio grupo de seguidores, que será mínimo comparado con el que le arrimaría su principal promotor. Es en este contexto en donde surgen los inconvenientes y entran en acción otros factores de carácter social y político.
En esa tesitura será interesante observar la manera en cómo el gobernador veracruzano podrá sortear los inconvenientes que se le opongan para conservar el gobierno de Veracruz para su partido y su grupo político. De allí que llame poderosamente la atención su estrategia de jugársela por un político bisoño, a quien por su corta trayectoria se le supone escasa experiencia. Más aún, porque en la actualidad se requiere de competitividad en contiendas electorales en las que participan factores y actores políticos ya mas que curtidos en estas lides.
Factores como el de una ciudadanía más y mejor enterada, que teóricamente rechazaría un supuesto Delfinato; en esa condición se pudieran entreverar los adversarios del gobernador que, obviamente, se oponen a su proyecto. Habría que agregar la dificultad para mantener la unidad monolítica si la decisión favorece a Duarte, ya no por su derecho a aspirar, sino por la evidente inequidad que ha caracterizado al proceso previo a la convocatoria del PRI, pues es obvia la voluntad de poner a su disposición todos los canales operativos para acondicionar a su favor la candidatura.
Si así ocurriera, estaría por demás ocultar la inconformidad de los seguidores de Héctor Yunes Landa, quien en buena lid ha desplegado una intensa actividad al interior de su partido convocando partidarios que se han agrupado en torno suyo impulsados, bien por simpatía personal, bien por identificación de propósitos, o por tácita y manifiesta oposición a la consigna y el dedazo.
Un factor que indudablemente pesará en la definición del candidato del PRI al gobierno veracruzano será la evaluación de la cúpula priísta nacional, como resultado de sus consultas. Aquel terso panorama que parecía llevaría a triunfos seguros al PRI ha venido variando conforme se definen las alianzas oposicionistas de Durango y Oaxaca. El asesinato de 16 jóvenes en ciudad Juárez, Chih, recuerda el motivo por el que perdió el PRI el gobierno de Sonora, después del incendio en la guardería del IMSS. En Veracruz una factible alianza PAN- PANAL pondría los pelos de punta a más de uno, aquí y en México.
De esta manera, se observa un panorama nada fácil para el PRI que, aún habiendo desarticulado al PRD como fuerza política en Veracruz y la magra disposición financiera de Convergencia, pudiera no alcanzar contra la arrolladora presencia que, se supone, irá adquiriendo el PAN en la medida que inicien las campañas formales.
Dicen quienes lo conocen que el gobernador reiteradamente argumenta que él no ha sido derrotado en ninguna elección, hecho demostrado históricamente. La más importante estuvo a punto de perderla hace seis años y la libró, pronto se sabrá el resultado del nuevo intento, cuyo primer capítulo estamos a punto de presenciar. “Tanto va el cántaro al agua…” dice la sabiduría popular. Pero poco vivirá quien no conozca realmente qué y cómo es lo que viene.
alfredobielmav@hotmail.com
Febrero 2010
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