La sucesión en Veracruz no es que se le haya complicado de último momento al Gobernador Fidel Herrera, sino que el mismo se la complico desde el preciso momento en que, haciendo un lado los liderazgos naturales que han construido cientos de priístas desde hace muchos años en Veracruz, decidió jugarse el todo por el todo con los jóvenes que lo han acompañado en su quehacer legislativo, allá en el Distrito Federal, calificándolos a todos con diez, cuando la mayoría han mostrado ineficiencia, inexperiencia e incapacidad, como aquel debate promovido por el diputado federal Antonio Benítez Lucho en sesión plenaria, exigiendo a la Procuraduría General de la República la investigación a una denuncia presentada por una diputada local del PRI en contra del director del ISSSTE Miguel Ángel Yunes Linares.
El debate provocado por el ex secretario particular del Gobernador, del que todos los diputados jóvenes fidelistas quisieran olvidarse porque les llovió sobre mojado, fue una muestra de la ausencia de experiencia y oficio político, porque tanto la legisladora Carolina Gudiño, como Salvador Manzur, como Silvio Lagos no supieron responder a los cuestionamientos que varios pares suyos del PAN les hicieron, dejando que le pegaran fuerte a su candidato a gobernador, el bisoño Javier Duarte, que terminó aceptando el uso de los aviones y helicópteros propiedad del Gobierno de Veracruz para promoverse en sus aspiraciones, lo que seguramente le traerá consecuencias legales electorales en un futuro no muy lejano, cuando algún otro aspirante al mismo cargo acuda a las autoridades electorales durante o después de las elecciones.
Los 4 fantásticos, como ellos mismos se han bautizado en el congreso de la unión (Duarte, Gudiño, Manzur y Lagos), nunca entendieron que no es lo mismo estar protegidos por el manto de Fidel Herrera en el Estado, que exponerse a la vista de todos allá en la capital del país. Si usted por curiosidad recurriera al diario de la debates de la cámara de diputados observaría la pobreza de argumentos en las pocas intervenciones que han tenido. Casi siempre han pasado a la tribuna a leer posicionamientos o iniciativas de decreto, porque después de aquella amarga experiencia, y al no contar con el respaldo de los diputados federales veracruzanos de su partido, con tablas legislativas como Amadeo Flores Espinoza, que los dejaron morir solos, han preferido hacer trabajo mediático en los medios que ha contratado el gobierno para hacerle creer a los veracruzanos que son unos “niños potentados de virtudes”, y en el caso particular de Javier Duarte, que ha traído millones y millones de pesos a Veracruz para generar empleos, sin que hayamos visto aterrizar uno solo en territorio jarocho.
Seamos sinceros: la campaña del delfín del gobernador en lugar de crecer (a pesar de tantos cientos de millones invertidos, de tener periódicos y periodistas comprados hasta la medula, de tener la radio y la televisión de los veracruzanos a su servicio, y de convertirse hasta en muerto en todos los velorios para captar así la atención), ha ido en retroceso. Lo dicen los priístas maduros que tienen acceso a encuestas serias y se sienten agraviados porque después de 70 años perderán la gubernatura, lo observamos al ver los actos desesperados de la nomenklatura estatal que publican y publican encuestas desproporcionadas y locas donde Duarte lleva hasta 30 puntos de ventaja a su más cercano contendiente; se hace evidente en el dispendio de recursos económicos, al llevar refrigeradores, pantallas de televisión, estufas, trastos y un sinfín de obsequios para concentrar gente en sus actos; al notar la desesperación de Elizabeth Morales en su programa de televisión y radio que haciendo un lado ética y moral juega con el hambre y las necesidades de las gentes que ellos mismos han convertido en aves de rapiña; y ahora, lo vemos también cuando hordas de francotiradores destrozan publicidad de los contendientes, ya por cuenta propia o ya por orden superior, en acciones que muestran la desesperación que pulula en el oficialismo.
Hoy día somos testigos de cómo el gobernador ha tenido que dejar de serlo para convertirse en el coordinador general de la campaña de Duarte. Lo lleva a la mayoría de sus actos, lo pasea en las ferias, lo acomoda en las fotos de inauguración de obras; lo adula ante los empresarios como el autor de la bursatilización con la que Veracruz “dejo de ser pobre”; y lo inaudito: ha tenido que desarticular, -sin mucho éxito por cierto-, la precampaña de Héctor Yunes Landa que sin el 5 por ciento del dinero que lleva gastado Duarte, sigue posicionado como el candidato del príismo priísmo, de todos aquellos hombres y mujeres de ese partido que fueron desplazados por la fidelidad generacional, pero que tienen años de cuidar casillas, de defender a su partido en los órganos electorales, de pegar publicidad, de hacer talacha partidaria y de construir el Estado que hoy encuentran estos jóvenes, porque ni surgió ni se edifico en 5 años.
Nunca como hoy se ha visto una guerra sucia en la lucha por la nominación de la candidatura del PRI, y mucho menos contra contendientes de otro partido políticos. Baste salir de la oficina, de la casa, de la universidad, de los centros comerciales para ver los estragos de una campaña contra todo aquello que huela ANTIDUARTISMO. Desde los espectaculares rotos hasta las páginas de los periódicos rojos cuyos columnistas atacan con todos los epítetos a la mano a los priístas inconformes como a los precandidatos que tienen pleito con el gobernador.
La desesperación que muestran es resultado de las encuestas que no publican.
Hasta dónde llegará ésta que la prioridad de la nomenklatura estatal ya no es “levantar al muerto”, sino entrometerse en el proceso interno de selección del PAN para, con dinero público, sacar adelante a Gerardo Buganza con quien, a valores entendidos, realizarían una campaña de bajo perfil donde Duarte avanzaría sin problema alguno, liquidando de esa forma al enemigo público número uno Miguel Ángel Yunes Linares.
Por lo que se observa el Gobernador nunca entendió que era preferible tener de candidato blanquiazul a Yunes Linares, porque al no serlo, llamará a votar a toda su estructura por Dante, en el afán de que no gane su delfín.
¿O será que el oficialismo ya repico las campanas en señal de duelo y por eso, el pasado fin de semana el Gobernador Fidel Herrera avisó en Orizaba que los veracruzanos VOLVERÁN a tener a un Cordobés de gobernador?
¿Será por eso que Dante Delgado no se mete entre las patas de los caballos, y realiza su precampaña sumando lo mismo a priístas que panistas inconformes?
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