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RAZONES
Jorge Fernández Menéndez
2016-02-24 / 08:51:54
Veracruz, AMLO, guerras civiles
(Tomada de Excelsior)



Decía John F. Kennedy que “la guerra incondicional no conduce a la victoria incondicional”. Quienes están transformando la elección de Veracruz en una guerra (civil para colmo) pensando en que tendrán triunfos incondicionales se están equivocando, no sólo no los habrá sino que, más allá de quién termine ganando esos comicios entre los primos hermanos Héctor y Miguel Ángel Yunes, cualquiera de ellos tendrá, necesariamente, que terminar negociando con su antecesor y con su adversario.



Hoy entre Héctor y Miguel se pueden decir de todo y los dos decirlo del gobernador Javier Duarte, que también pone lo suyo; puede intervenir (me parece que cometiendo un grave error porque en eso las cifras no le ayudan) en esa misma lógica, el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, o los de otros estados (sin comprender que están haciendo de una elección estatal un conflicto federal que más temprano que tarde les repercutirá en su propia gobernabilidad), pero a la hora de los comicios se encontrarán con que nadie tendrá mayoría absoluta para gobernar Veracruz, nadie tendrá mayoría propia en el Congreso, no sólo porque entre el PRI y el PAN-PRD (que tendrán dos bancadas diferentes) se dividirán esa participación, sino también porque Morena, que no se aliará ni en los comicios ni en el Congreso con ninguno de los otros partidos, tendrá también un porcentaje que impedirá mayorías.



Hoy puede decir Miguel Ángel Yunes o su rival Héctor Yunes que meterán a la cárcel a quien ellos quieran, pero lo cierto, es que les terminará pasando lo que a Arturo Núñez en Tabasco, que ha vivido estos años de gobierno litigando con sus antecesores, sin poder transformar las acusaciones en sentencias en firme y con rupturas internas y externas. O peor aún, como Jaime Rodríguez El Bronco, que como candidato se pasó toda la campaña prometiendo la cárcel para sus antecesores y pasados casi 200 días de gobierno no sólo no ha detenido a nadie, sino que no tiene siquiera, un programa formal de gobierno, y ahora, como se lastimó la espalda y no podrá ir a sus oficinas por unos días, le dice a la gente que no se preocupe, que él estará vigilando el estado por el Facebook.



Las campañas sucias se revierten contra quienes las impulsan a la hora de gobernar porque ya no hay victorias incondicionales: en realidad se garantiza que esas guerras perduren y se fortalezcan en el futuro. Nadie sale indemne. Se dirá, no sin razón, que la victoria lo vale, que ya habrá tiempo, instalados en el gobierno, para tratar de sanar las heridas o cumplir las promesas, que la confrontación es parte de la política. Pero el costo social y político que ello genera es altísimo, y va de la mano con el desprestigio de la política y los políticos, y que nadie diga que los independientes son la panacea para castigar el desprestigio, porque hasta ahora, a la hora de gobernar (regresemos a El Bronco) terminan haciendo lo mismo que los que surgen de los partidos.



Lo que hoy se vive en Veracruz es sólo el prólogo de lo que veremos cuando comiencen las campañas formales con las respectivas acusaciones de corrupción de todos contra todos. Esperemos que si esas denuncias son reales se proceda, pero todos sabemos que en muchas ocasiones, se trata de simples mecanismos publicitarios. Pero lo que queda es la polarización y el encono.



Encono y rencor tan viscerales, tan irracionales, tan dañinos como los que destila día con día, un Andrés Manuel López Obrador que no tiene problemas en presentar a todos sus adversarios potenciales en el 2018 como parte de la mafia en el poder, sintiéndose el único químicamente puro, a pesar de ser el único que viola normas éticas y legales haciéndose una descarada campaña anticipada en televisión; pidiendo recursos para fundar universidades y escuelas que no existen; para lanzar a candidatos (como en el municipio del Centro, en Tabasco) que hace apenas unos meses acusaba públicamente de corruptos y que ahora como se pasaron a Morena, han quedado limpios de pecado; o respaldando, como lo hace AMLO a aquellos que aseguran, sin ruborizarse, que los gay, sencillamente, no deberían existir y rechazando cualquier legislación que los proteja contra la discriminación; acusando de corruptos a los que lo invitaron a su partido, lo hicieron candidato dos veces en Tabasco, una vez en el DF, dos veces candidato presidencial: ¿ahora todos ellos, todos los que lo impulsaron desde el Partido de la Revolución Democrática en ese camino, pero no en la aventura de crear Morena, son corruptos y parte de la mafia en el poder? ¿Se imagina esa bola de enconos, intolerancia y descalificaciones en el poder?



Pues en eso tendrán que pensar los candidatos que no empiezan aún su campaña, pero ya han comenzado a insultarse día con día en Veracruz y mañana en buena parte del país. La guerra, decía Nietzche, vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.

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