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LAS IZQUIERDAS
Domingo AlbertoMartínez Resendiz
2012-11-22 / 22:13:48
EL AGUA Y EL ACEITE
A lo largo del desarrollo de la humanidad, la práctica de las alianzas ha sido una constante que permitió llevar con éxito actividades requeridas en común. En la antigüedad, los primeros pobladores se vieron en la necesidad de unir sus esfuerzos para defenderse de los animales, conseguir comida, enfrentar a las fuerzas de la naturaleza y aprender a vivir en comunidad.

Más tarde las alianzas se significaron para fortalecer las incipientes formas de organización social, que derivaron en la división del trabajo. La forma más primitiva de este mecanismo fue eminentemente endogámico, es decir hacia el interior del grupo.

Posteriormente, en la lógica de la conquista y el sometimiento de otros pueblos a través de la guerra se privilegiaron las alianzas hacia fuera con otros, para lograr sus propósitos. Grecia, Roma son un ejemplo en la antigüedad y la edad media.

Es precisamente en estos periodos, en donde aparece la política de las alianzas. El comúnmente multicitado Nicolás Maquiavelo lo sintetiza en su sentencia útil hasta nuestros días: “el fin justifica los medios”.

En el siglo XX las revoluciones mexicana, rusa, china, cubana, nicaragüense fueron producto de alianzas de intereses sociales, políticos y económicos. La segunda guerra mundial permitió dar paso a los “aliados” para enfrentar al eje Berlín-Roma-Tokio, destacándose la alianza de Estados Unidos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que a pesar de ser antagónicos sus intereses hegemónicos se veían amenazados por adversarios comunes.

El recurso de las “alianzas” no es nuevo, y forma parte de casi todos los ámbitos de la vida social, pero es más señalado como un mecanismo “tramposo” en la política y el gobierno. Hay otra conseja popular: “los enemigos de mis enemigos, pueden ser mis amigos”.

Todo esto viene a cuento, por que en la proximidad de las elecciones locales intermedias en el estado de Veracruz, el primer domingo de julio de 2013, se empieza a denostar la posible alianza electoral entre el PAN y el PRD. El argumento más elaborado que se esgrime es la incompatibilidad política: la derecha y la izquierda, olvidando que esta posibilidad esta sustentada en los leyes electorales.

Lo más importante de una alianza electoral, más allá de la supuesta suma de votantes radica en el ámbito programático, es decir, aparte de ganar que es lo que se estaría comprometiendo a resolver en términos sociales y quien representaría los intereses comunes de este conglomerado. Si no fuera así, hoy en un escenario de competencia real se abonaría más al abstencionismo que a la participación.

Cuando las mayorías han dejado de ser la única posibilidad en el resultado electoral, todos los competidores intentan generar mayorías a través de las alianzas, y no solo para la composición del poder ejecutivo, sino que cada vez se hace más evidente esta necesidad en el poder legislativo. Recordemos la alianza del Presidente Carlos Salinas con el PAN, la del PAN-PRD que modifico la Ley Orgánica del Congreso en 1997, ambas en aras de la gobernabilidad.

En sentido común el PRI, tendría más coincidencias programáticas con el PRD: educación, salud, justicia social, política exterior. Con el PAN en: economía y estado de derecho. O sea que las necesidades para cada momento y para cada tema, requieren ponderar la gobernabilidad. La reforma a la Ley Federal del Trabajo es el ejemplo más fehaciente. Las alianzas son coyunturales.

Cada quien debe ser responsable de sus propias decisiones en las alianzas, y no llamarse engañado por los resultados aún ganando. Lo importante, es presentar al electorado una oferta política viable, confrontar proyectos, proponer candidatos honorables y someterse a las reglas electorales que regulan el juego democrático, esa es la opción para obtener un respaldo en las urnas. Las alianzas de saliva, no suman votos.

El agua y el aceite en química no se pueden mezclar, en política es una premonición de posible competencia. “Lo que parece es”, señalaba Jesús Reyes Heroles.



Domingo Alberto Martínez Resendiz

domingo@cetrade.org













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