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¿LA ESTATUA DE CIRILO VAZQUEZ?
Sergio M.Trejo González
2012-03-27 / 22:52:45
Déjame que te cuente…
(TOMADA DE NOTISUR)

Sisean, rumoran, chismean, dicen en plena atmosfera de Cuaresma, cuando en las oraciones y las súplicas religiosas sobresale el cántico: Señor ten piedad de nosotros… ¡Oh, My God! Cuento hasta cien mientras respiro lenta y profundamente. A reserva de confirmar la noticia, hilvano estos garabatos sorprendido por la majadería. No lo puedo creer. Me obsequian la idea de que a la entrada norte de nuestra ciudad se construye el pedestal, cimentación o basamento donde se colocará el monumento a Don Cirilo Vázquez Lagunes.

Alguien me aclara que no es así, que tal plataforma será soporte para aquel famoso monumento, ocurrencia de Maximiano Figueroa Guillén, cuando trató de representar tridimensionalmente nuestro glifo de Acayucan: “Lugar de Cañas”. Otra jalada, si entramos a profundidad en la materia, pero que al menos contenía intenciones políticas diferentes.

Créame, amable lector, que no deseo proferir insulto u ofensa alguna a la memoria del señor Cirilo Vázquez Lagunes. Pretendo ser mesurado cuando hablo de alguien que ya no se encuentra entre nosotros y por supuesto que, huérfano que soy de padre, no me gustaría tampoco que alguien ofendiera la memoria de mi señor padre, nada más porque no tiene algo peor que hacer.

Respeto profundamente a sus hijas e hijos, a sus hermanos y a toda su familia admirable, a quienes envidio por su talento e inteligencia para desarrollar actividades productivas, empresariales y políticas. Reconociendo en muchos de ellos capacidad chingona, para triunfar en la vida, quisiera formular mis reflexiones acerca de la intención que se ha difundido sobre si colocarán o no un monumento a Cirilo Vázquez Lagunes.

Aquí el asunto resultan las razones para que a don Cirilo Vázquez se le sitúe dando la bienvenida a nuestros visitantes. No tengo la menor duda que existe material suficiente para escribir cien corridos a Don Cirilo. El meollo son los méritos para que tal personaje tenga un monumento. No sé, nadie debe confundir el sentimiento noble y agradecido que tengan las hijas (que vienen detentando el poder en nuestra región desde hace más de nueve años) hacia Don Cirilo, que como muchos padres resulta el héroe de su novela. Un servidor también tiene en Don José Guadalupe Trejo Reyes (que en paz descansa) un ídolo que no se va a derrumbar por nada. Dios sabe cuánto me hizo falta mi padre en los años adolescentes, y lo continúo extrañando. Muchas horas, días y noches de soledad, amargura, necesidad y tristeza. A Don Lupe Trejo le dedico, cada vez que puedo, mis ensayos, mi corazón y mis oraciones. Si pudiera, compraría una hectárea de terreno; la convertiría en parque, a desnivel, donde se erigiera, con un entorno de hermosos pájaros y flores, una figura a su recuerdo; pero eso lo debiera yo intentar con mi dinero y con mis bienes para que nadie me cuestionara. Tengo, quizá no esté bien mencionarlo, un hermano que fue alcalde de nuestra ciudad; quien, como un servidor venera, hasta las lágrimas, la memoria de Don Lupe, pero que yo sepa nunca se le ocurrió pensar en la barbaridad de ponerle su nombre a lugar alguno. Con esto quiero significar que si nuestra presidenta y su incondicional cabildo consideran propio un evento como el que se dice andan realizando, pues bien pueden desarrollar un parque o un beneficio en sus propiedades de “El Mangal”, donde puedan colocar los monumentos que consideren suficientes para honrar la memoria de su señor padre, conforme a los ahorros que han logrado en las tres presidencias municipales y las diputaciones que han conquistado. Creo que sí les alcanza para construir un santuario a Don Cirilo, además del templo que le guardan en su corazón. Ahí, en sus dominios, pueden levantar lo que les venga en gana, para que todo aquél que desee visitarlas se arrodille y se persigne ante la imagen de Don Cirilo Vázquez. He visto en algunas paredes de nuestro Palacio Municipal la fotografía de Don Cirilo Vázquez, con su querido perro y considero una ignorancia mayúscula del sentido institucional. Podrían colocar un cuadrito sobre el escritorio, como se tiene la fotografía de la querida o el mayate, sin llevar a la enajenación de considerar que un recinto oficial es extensión del tabernáculo de nuestra fe y de nuestros sentimientos.

Me he declarado demócrata e institucional a lo bestia; empero, soy liberal de similar intensidad, respetuoso de las decisiones mayoritarias; me gustaría conocer el resultado de un consenso, para deslindar la responsabilidad histórica. No me interesa la opinión del cuerpo edilicio acayuqueño, pues, sabemos, resulta lo más doméstico que hemos tenido. Éstos, como la mayoría de regidores y síndicos de las dos últimas administraciones, carecen del más elemental compromiso ciudadano. No hablemos de vocación de servicio. No alcanzan la comprensión de que representan la dignidad de un pueblo. Esta debería ser en conciencia una cuestión preocupante para nosotros, pues consiste en hacernos respetar como personas. Ya que quien permite que le pisoteen sus derechos daña y ofende a la clase que pertenece. Desconocen la desaparición de aquella fórmula dejar–hacer y dejar-pasar. No creo que sepan los representantes de nuestro gobierno que es su obligación intervenir activa y permanentemente en la vigilancia de nuestras normas. No saben que pueden actuar de oficio, porque la pretensión de imperatividad sería ilusoria sin tal potestad. Bastaría la ausencia de la queja o la protesta para que retornáramos a la explotación que auspició la esclavitud o el feudalismo o a la degradación que nutre el caciquismo o el caudillaje. No hablo del miedo y el terror que producen otros fenómenos de la descomposición social que vivimos. Quisiera mejor oír, como escuché anoche la voz indignada de Alfredo Delgado Calderón (insigne y aguerrido historiador que convive entre nosotros) reprochando airadamente la pretensión, con adjetivos fuertes, ante lo que considera una verdadera humillación. Ahí estaban otros cuatro amigos que se les arrugó. Existen personas que le deben favores a Don Cirilo pero que rechazan la idea. Yo no tengo nada personal en contra y respeto la opinión general, pero no me parece atinado instalar un monumento semejante. Escuché por diversos espacios a Teodoro Ramírez Domínguez, a Reginaldo Canseco y a un titipuchal de conciudadanos cuestionar la disposición al respecto. Tal vez no se trate de ningún monumento; Quizás vayan a colocar una fuente pero ¿cómo adivinar? si no existe información de absolutamente nada sobre las acciones del gobierno municipal. Todo se reduce a los boletines informativos ad hoc. Se realizan rueditas de prensa entre amigos o se emiten las hojitas para los diarios que tienen convenio, pero nada acerca de lo que deseamos saber y queremos preguntar, se difunde: ¿Qué, cuánto, dónde y cuándo?

Sabemos de monumentos que resultan objetivo predilecto de la ira o la felicidad ciudadana, como una especie de lugar de lamentaciones o celebraciones. Todo tiene su medida. En nuestro país y en el mundo existen referencias sobre monumentos derribados de Stalin en Checoslovaquia, de Saddam Hussein en Bagdad, o la estatua de Miguel Alemán Valdez en Ciudad Universitaria. Mire usted que Miguel Alemán derramó beneficios a nuestra ciudad de Acayucan: un palacio municipal, escuelas, mercado, hospital, carreteras, empero, sólo conozco un busto, medio empolvado, que se conserva en la Sociedad Cooperativa de Transportes del Istmo S.C.L. Ahí lo tienen los transportistas como referencia nostálgica de nuestra época de oro.

Un grupo de amigos de “Arrieros del Apompo” habíamos planeado ir un día para mearnos en el polémico monumento a Vicente Fox que colocaron por ahí, en Boca del Río. Lo habían tirado, pero creo que luego lo volvieron a levantar… ya no tendremos que gastar nuestro dinero en el viaje. Me gustaría escuchar al respecto de la estatua una opinión de Erasto Armas Jiménez, Clemente Nagasaki Condado, Mario González Figueroa, Marco Martínez Amador, Wilka Aché Terui, Jaime Mantecón Rojo, Jacob Abel Velasco Casarrubias, Víctor Manuel Salinas Hernández, Francisco Diz Herlindo, David Dávila Domínguez, Rosalino Guillén Tapia, Germán Jiménez Lara, Leonardo Alor Ventura, Marte Fonrouge Romero, Ramón Roca Morteo, Victorino Hernández Antonio, Rubén Leyton Ovando, Yolanda Gutiérrez Carlín, Ignacio Martínez, Escamilla, José María Torres Martínez, Felipe Martínez Castillo, Irma Lara Lara, Víctor Manuel Pavón Ríos, Carmen Colonna de la Rosa, Miguel Ángel Díaz Pedroza o de Joel Vargas Cruz.

¿Los panistas?, bien gracias. ¿Los taxistas? Gozan de cabal salud. Un abrazo fuerte para los líderes campesinos, descendientes y sucesores de Genaro Sulvarán, Jonás Bibiano Landero, Benigno Mendoza, Atilano Culebro y Chico Espronceda... Acayucan ¿Cuna de la Revolución?

Quiero saber que las mayorías, esas que a últimas fechas ganan todas las elecciones en Acayucan, están votando de tal atrevimiento.

¿Qué opinaría Don Javier Duarte de Ochoa? No lo sabré nunca. Un gobernador no se detiene para leer una columna insulsa y pueril, resultado de una pluma desconocida, donde les cuento, de nuevo: En alguna ocasión vino por aquí un candidato a Gobernador, firmó una mampara tamaño espectacular, comprometiéndose a construir una unidad deportiva. Pasaron los años y se retiró con su ofrecimiento incumplido. Algunos vecinos, soñadores de esos que tiramos flechas a la luna, prendíamos velitas a un pastel en cada aniversario de tal cancel, testimonio de la burla. Terminó su gestión ese infiel personaje. Nos dejó pintados de colorado hasta los calzoncillos, pero de su deuda ¡ni madres! A los jefes de Estado sólo les endosan una lista de nombres, de hombres valientes, objetivos y veraces, para que sean homenajeados los días 7 de junio. Son cosas del sistema. No sé, soy hombre de convicciones y esperanza. En vísperas de la Semana Mayor, suplico: “Perdona a tu pueblo, Señor. Perdona a tu pueblo, perdónale, Señor… Desde la Cruz nos diste a tu Madre, vuélvenos al abrazo de Padre, perdónanos, Señor”.

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