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AGENDA 2012
Raúl Domínguez
2012-03-23 / 23:25:06
Sintomática por donde quiera vérsele resulta la primera visita del Papa Benedicto XVI a México.
Arribó en un día en el que los mexicanos no dejamos de recordar el asesinato del candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio. Una fecha de sentimientos encontrados, indiscutiblemente.
Hoy como aquél 23 de marzo de 1994, Benedicto XVI encontró un país inmerso en la violencia y la pobreza.

Un México –como decía Colosio- con hambre y sed de justicia. Un País en el que como afirmaba el malogrado candidato presidencial del PRI, los jóvenes son orillados a la delincuencia y a la drogadicción.

Un México de indígenas desesperados por la falta de justicia social, por vivir en un campo árido por la indiscriminada tala y la complicidad de los gobiernos con grandes consorcios internacionales.

Llega el jefe de la iglesia católica a un México que como lo expresaba Colosio Murrieta, miles de personas en edad productiva no encuentran los empleos ni los salarios que demandan.

Llega a un país sumido en la desesperanza de las mujeres que tan solo anhelan una sola oportunidad para demostrar de qué son capaces.

Benedicto XVI visita una nación con empresarios lastimados, no solo por la delincuencia, sino por el enfermizo burocratismo y corrupción desmedida.

El padre de los católicos, llega a México en el que, al igual que en 1994, cuando Colosio se había constituido en la esperanza de millones de mexicanos, infinidad de compatriotas seguimos ansiosos esperando un gobierno con rostro humano.

En suma, el prelado, al igual que Luis Donaldo verá un México con Hambre y Sed de Justicia.

Un México –como sabiamente lo decía el priísta 17 días antes de ser asesinado: “de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Sin embargo Benedicto XVI al igual que Luis Donaldo Colosio, verá en cada mexicano bien nacido, innegablemente un guerrero en busca de la paz y el progreso.

Y si no lo visualiza así, qué más da. Ya lo decía Pablo Neruda en un fragmento de su Testamento de Otoño:

“Al odio le dejaré/mis herraduras de caballo/mi camiseta de navío/mis zapatos de caminante/mi corazón de carpintero/todo lo que supe hacer/y lo que me ayudó a sufrir/lo que tuve de duro y puro/de indisoluble y emigrante/para que se aprenda en el mundo/que los que tienen bosque y agua/pueden cortar y navegar/pueden ir y pueden volver/pueden padecer y amar/ pueden temer y trabajar/pueden ser y pueden seguir/pueden florecer y morir/pueden ser sencillos y oscuros/pueden no tener orejas/pueden aguantar la desdicha/pueden esperar una flor/ en fin, podemos existir/aunque no acepten nuestras vidas unos cuantos hijos de puta”.

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rauldominguezpinto@hotmail.com

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