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DESDE NAYARIT
Carlos Díaz Rivera
2011-09-02 / 22:30:40
Nayarit entre la decepción y la ruindad
Hace exactamente seis años, en septiembre de 2005, cercano el término del excepcional, histórico y munífico sexenio del contador público Antonio Echevarría Domínguez, en el aire que presagiaba el inminente otoño de aquel año perdido ya, se advertía una hosca desilusión; había un atisbo de tristeza profunda en la lluvia que regaba las calles entonces seguras, hospitalarias, apacibles de Tepic y de todo Nayarit, que recién había tenido la oportunidad de vivir un cambio en el estilo de gobierno; cambio que incluyó métodos, esfuerzos, personas, actitudes; por supuesto resultados, y que dejara una huella imborrable en la política social de Nayarit.

No obstante los innegables logros en salud, empleo, seguridad pública, asistencia social y otras áreas estratégicas, así como la consumación de metas importantes e imperecederas en educación, apoyo al campo y construcción de infraestructura carretera, todo lo cual dejaba en claro que cuando se quiere se puede hacer de la responsabilidad de gobernar un apostolado, un verdadero sistema de beneficio colectivo, un método de crecimiento general y de avance progresista sin distingos electoreros o de otra índole, aquel régimen valeroso llegaba a su fin y con él, el proyecto de largo plazo para hacer de Nayarit un estado protagonista del progreso económico y la justicia social en el ámbito del país.

En efecto, la perfidia, la alevosa y fementida propuesta de Ney González había salido airosa en la lucha electoral de aquel año, luego que aquél siendo alcalde de Tepic se aprovechó del puesto para saquear al ayuntamiento y proyectarse como candidato a la gubernatura por el PRI, pero no sobre la base de trabajo o manejo ejemplar de la administración municipal, sino mediante el más burdo populismo, la más aleve idea de llevar engañifas a colonias, barrios y poblados miserables de Tepic y de los restantes diecinueve municipios, a cambio de un futuro apoyo electoral que le permitiera, a él sí, crecer en lo personal, en lo familiar y como líder de la pandilla que ya entonces controlaba parte importante del poder político y económico del exinanido Nayarit.

Así que para los primeros días de septiembre en el año 2005, ya se podía advertir el advenimiento de un tiempo plagado de ignominia, de escarnio, de podredumbre en perjuicio del estado y de quienes en él vivimos. Por desgracia, aquel panorama tentativo e indeseable cuya concepción no entrañaba mayor conocimiento ni demandaba una clarividencia superdotada, día tras día, mes a mes y año tras año, se fue convirtiendo en la triste realidad que hoy agobia prácticamente a todos los nayaritas de bien, y a quienes sin ser nativos queremos y luchamos por lo mejor para la entidad y su gente.

Era así, entonces, porque casi todo lo ganado en seis años de arduo esfuerzo gubernativo y de reorganización estructural y de saneamiento del tejido social se dilapidó; lo conseguido con la voluntad y capacidad de un equipo humano inmejorable, al mando del contador Echevarría Domínguez, se lanzó a la basura y logros trascendentales, palpables e incuestionables han terminado siendo el más penoso ridículo, ante la incapacidad y mala fe del peor gobernante de que se tenga memoria en Nayarit, en la región occidente del país y probablemente en toda la historia de México; desde luego, hablo de Ney Manuel González Sánchez.

La escuela deshonrosa que este remedo de dictadorcillo de fruslería dejará en cerca de dos semanas, gobernante éste que sólo ha servido para llenar los bolsillos de cínicos pseudo periodistas y para abrir de par en par las puertas de Nayarit a los delincuentes, a los perversos; a los que se aprovechan de la buena fe y del trabajo de los habitantes de esta tierra, es ahora hábilmente fructificada por otro tan o más canalla, artero e ignorante que el que se va; el iletrado Roberto Sandoval, quien es incapaz –ya se ha dicho antes-, de hilar dos palabras coherentemente, pero que aprendió de su maestro Ney el arte de la mentira, de la perfidia, de la falsedad y tendrá seis largos años para graduarse en tales potenciales.

Tal vez por eso, o porque la insidia de la lluvia desplomándose sobre el agónico Tepic, a querer o no lo remite a uno al tiempo lamentable del Macondo devastado por la guerra, por el tiempo demoledor y las cáusticas tempestades, se hace difícil pensar en un día radiante, casi imposible concebir una oportunidad seria y fidedigna para la humanidad y parecen haber emigrado –cual aves trashumantes-, las esperanzas de paz, de progreso y de justicia.

En los hombres de bien, de trabajo honesto; de esfuerzo cotidiano y conducta clara, que no en el pésimo gobierno que se va ni en el deplorable que llegará el 19 de septiembre próximo a Nayarit, muy probablemente esté la última palabra.

malrraux@hotmail.com

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