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DESDE EL TRIBUNAL
Eugenio Vázquez Hernández
2011-08-19 / 22:13:45
Lo más sensato del cardenal Rivera
De los cardenales y la mayoría de los obispos estamos acostumbrados a escuchar toda clase de opiniones políticas y, desde luego, su discurso excluyente como voceros y representantes de Dios y su hijo en este planeta.

Por eso no dejó de sorprender enormemente el contenido de la homilía del catorce de los corrientes del cardenal Norberto Rivera. De pronto pareció otro: o fue alguien diferente el que le escribió el discurso y él no tuvo tiempo de leerlo previamente; o de pronto sintió que era tiempo de ir poniendo en paz su conciencia; o bien, como el Quijote al final de sus días, terminó por recobrar la conciencia. O simplemente como dicen, “le cayó el veinte” en relación al auténtico sentido del evangelio. Como quiera que sea, su discurso bien pudo ser suscrito hasta por un laico.

Pero, ¿qué es lo novedoso en la prédica de este pastor católico? Su ecumenismo, o mejor aún, su apertura a pedir tolerancia para todas las creencias religiosas, e incluso para los no creyentes, partiendo de la base de que vivimos en un mundo plural. Rechazó el antisemitismo y abogó por el reconocimiento de los millones de musulmanes, budistas e hinduistas ya que, dijo, la “iglesia reconoce y acepta todo lo que hay de verdadero y santo en estas religiones”. Así pues, parece superado el tiempo en que se borró del mapa a los cátaros; en que se utilizó el tormento y la hoguera para suprimir a los disidentes del catolicismo; en que se provocó y alentó la guerra fratricida de Reforma en nuestro país; en que se actuó con disimulo o franca complicidad con Hitler ante el Holocausto en que perecieron millones de judíos, en cobro de la antiquísima factura por la supuesta responsabilidad de éstos en la crucifixión de Jesucristo, etc.

Si de aquí en adelante las cosas transcurrieran en congruencia con el discurso comentado, irían menos mal que hasta ahora. Que cada quien crea en lo que quiera, o no crea en nada; ese es un derecho fundamental garantizado por la Carta Magna, pero también, defendido –cuando menos en el discurso que se comenta- por el más influyente de los cardenales mexicanos.

Pero no. No hay bastante tela para hacerle un traje de gala al optimismo. ¿Por qué? Sencillamente porque toda religión no es más que un medio de control social, que tiende a imponer a sus feligreses determinadas conductas: la prohibición del aborto, la discriminación de los homosexuales y lesbianas, las relaciones sexuales prematrimoniales, etc. Por lo tanto, si entre muchos creyentes no católicos o entre los no creyentes las conductas anteriores simplemente forman parte de los derechos humanos, y consideran que nadie debiera ser discriminado por ello, entonces –como ha sucedido hasta ahora- la jerarquía católica lógicamente va a chocar con estas posiciones. Como ha ocurrido concretamente en la Ciudad de México, a propósito de la legislación que en determinadas condiciones ha autorizado el aborto y el matrimonio entre homosexuales.

Por otro lado, como en México los católicos constituyen el 83.9 % de la población total, el discurso del cardenal más que pedir “a la sociedad y a las autoridades” respeto para sus creencias y la de los demás, hubiera ofrecido el respeto del catolicismo - la mayoría absoluta- por las minorías no católicas y por los no creyentes. Con ello la sociedad en su conjunto se podría ahorrar un buen número de actos irracionales, como la del mexicano en Madrid esta semana, que oportunamente fue detenido por la policía cuando pretendía atentar contra un grupo de manifestantes que se oponen a la visita papal a dicha ciudad.

El discurso del cardenal es alentador, pero insuficiente. Y, lamentablemente, no puede ser de otra manera. Pensar diferente, sería tanto como pedirle peras al olmo. Correo: evaz2010@hotmail.com

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